General Anastasio Somoza García y el presidente Leonardo Arguello

Nicaragua

Por Knut Walter

(Capitulo IV del Libro “El régimen de Anastasio Somoza 1936-1956”)

Anticipando el fin de su período presidencial, que concluía en 1947, Somoza empezó tres años antes - con la mayor naturalidad imaginable - a preparar las condiciones para reelegirse, confiado en el sólido respaldo de la Guardia Nacional, en su firme alianza con Estados Unidos frente a las potencias del Eje, y en el apoyo de una amplia coalición política dentro de Nicaragua. Al igual que en 1935 y 1936, grupos de liberales empezaron a reunirse “espontáneamente” para proclamar a Somoza como próximo candidato presidencial, suscribiendo documentos en los que se argumentaba la necesidad de prolongar su gobierno, en vista de sus grandes logros y de la seguridad que ofrecía al país ante los peligros de la Guerra Mundial.(1)

En junio de 1944, Somoza declaró durante una conferencia de prensa que si bien personalmente se oponía a la reelección presidencial, tenía igual derecho que cualquier ciudadano para lanzarse como candidato.(2) Un par de meses antes, en abril, el Congreso había aprobado, por la acostumbrada amplia mayoría, una enmienda a la Constitución para permitir al presidente en funciones postularse a la reelección, si su período de gobierno original coincidía con un estado de guerra declarado de al menos dos años de duración.(3) Tal enmienda, hecha a la medida de Somoza, dejó en claro que el presidente tenía todas las intenciones de mantenerse en el gobierno más allá del término de su mandato.

El deseo de Somoza de mantenerse en el poder estaba totalmente reñido con los procesos políticos en Centroamérica en ese momento. Después de casi quince años de dictadura militar, Guatemala y El Salvador estaban viviendo las primeras expresiones de oposición abierta a los regímenes de Ubico y Hernández Martínez, respectivamente. Consciente del auge de la oposición en Centroamérica, el Departamento de Estado de Estados Unidos advirtió a sus funcionarios diplomáticos en la región que debían mantener relaciones muy imparciales y discretas, tanto con los gobiernos como con los grupos opositores. De acuerdo al Secretario de Estado, esta postura era muy importante, pues “resulta casi inevitable que la oposición eventualmente llegará al poder en estos países”.(4) En el caso de Nicaragua, la oposición había estado adormecida por largo tiempo, salvo unos pocos disidentes dentro del país y los pequeños grupos de exiliados que ocasionalmente se pronunciaban contra el régimen desde México y Costa Rica. Sin embargo, esta situación cambió repentinamente, y durante un período de dos semanas el régimen pareció al borde del colapso, ante una ola de protestas violentas.

A. La agitación de junio y julio de 1944

La causa inmediata de la disidencia política en 1944 fue el deseo de Somoza de perpetuarse en el poder. Existían grupos dentro del mismo Partido Liberal con ambiciones políticas propias; asimismo, otros grupos consideraban que los principios liberales estaban siendo conculcados por el continuismo de Somoza. Mientras el Congreso debatía la reforma del artículo constitucional que prohibía la reelección presidencial, algunos prominentes liberales exteriorizaron su oposición y fueron encarcelados de inmediato en León y Managua. El diputado liberal, Adolfo Altamirano Brown, presentó una moción en la Cámara de Diputados para que se solicitara a Somoza ponerlos en libertad; dicha medida fue aprobada por unanimidad y recibió el visto bueno del presidente.(5)

Esta fue una de las primeras manifestaciones de disidencia dentro del Partido Liberal, y en ese momento Somoza procuró evitar una ruptura que pudiera conducir a una crisis política seria. Pero la actitud conciliatoria de Somoza hacia los miembros de su propio partido no se repitió en junio, cuando las calles de Managua se abarrotaron de manifestantes - un fenómeno que no se había visto desde inicios de 1936, cuando Somoza estaba por tomar el poder.

El núcleo inicial de esta oposición urbana estaba formado por estudiantes universitarios. Su número no pudo haber sobrepasado los 600, pues éste era el total de estudiantes inscritos en el sistema universitario en ese momento, la mitad de los cuales estudiaban en el recinto de Managua y el resto en Granada o León.(6)

Durante una asamblea general de estudiantes realizada el 27 de junio de 1944, se acordó celebrar una manifestación ese mismo día, en apoyo a los esfuerzos del movimiento estudiantil guatemalteco por derrocar a la junta derechista que se había apoderado del gobierno de ese país, después del derrocamiento de Ubico. Durante la tarde, los estudiantes y otras personas que los apoyaban marcharon por las calles de Managua exigiendo democracia en Guatemala y Nicaragua. Los manifestantes llegaron a sumar unas 2,000 personas, antes de que la policía y la Guardia los dispersara al anochecer, mientras protestaban frente a la academia militar. Alrededor de 500 manifestantes fueron encarcelados y pasaron la noche en prisión. Algunos fueron liberados al día siguiente pero otros siguieron tras las rejas. El 29 de junio, un grupo de mujeres vestidas de luto marchó por las calles para pedir la libertad de los detenidos, pero una manifestación pro-somocista les salió al paso, obligándolas a dispersarse.(7)

Ese mismo día en León, alrededor de 150 estudiantes, profesionales y agricultores firmaron una carta dirigida a Somoza en la cual protestaban por el trato que habían recibido los manifestantes en Managua, pues en ningún momento habían representado una amenaza al orden público ni subvertido el esfuerzo bélico - más “formal” que real - de Nicaragua.(8) Un grupo de dirigentes obreros también se reunió con Somoza para pedirle que dejase en libertad a unos 60 obreros apresados durante la manifestación.(9)

No resulta difícil determinar la naturaleza de las manifestaciones. Las consignas que se escucharon reflejaban una oposición fundamentalmente política al régimen. A partir de la movilización de los estudiantes, en su gran mayoría de extracción de clase media o alta, la protesta llamó la atención de un grupo de políticos conservadores y de liberales disidentes; algunos de éstos fueron apresados cuando se manifestaban en las calles, mientras que otros exteriorizaron su protesta al renunciar a algún cargo público. La marcha de las mujeres vestidas de negro estaba conformada por las madres y las hermanas de los estudiantes detenidos, muchas de las cuales eran damas elegantes de las clases media y alta, que fueron dispersadas por una manifestación de somocistas, cuyos integrantes fueron descritos por La Prensa como verduleras y muchachos y muchachas de “mala conducta”, es decir, de las clases bajas.(10)

El trato dado a los manifestantes sugiere que Somoza conocía el tipo de opositor con el cual estaba lidiando. El 1 de julio, expresó durante una conferencia de prensa que los manifestantes que aún guardaban prisión serían trasladados a los tribunales civiles, aunque sus acciones frente a instalaciones militares ameritaban una corte marcial.(11) El día siguiente, Somoza personalmente supervisó el excarcelamiento de algunos estudiantes, pero antes de entregarlos a sus padres, los reprendió por criticar a su gobierno y no reconocer todo el esfuerzo que él había hecho a favor de la Universidad Central.(12)

Sin embargo, la respuesta relativamente moderada del gobierno ante la ola de protestas callejeras no resolvió el problema. El 3 de julio, la dirigencia del Partido Liberal se reunió para analizar la situación; un sector del mismo planteó que los tiempos de libertad y democracia habían llegado, y exigió a Somoza desistir de sus planes de reelección o que, incluso, renunciara de inmediato.(13) Ese mismo día, el ministro de Educación, Gerónimo Ramírez Brown, uno de los más antiguos simpatizantes de Somoza, renunció a su cargo en protesta por la orden de Somoza de cerrar la Universidad Central.(14)

El 4 de julio, tanto somocistas como opositores decidieron aprovechar el aniversario de la Independencia de Estados Unidos para organizar manifestaciones callejeras y difundir sus consignas. Los somocistas, sin duda, procuraban llamar la atención a sus nexos íntimos con Estados Unidos; por su parte, la oposición esperaba aprovechar dicha efemérides, bajo la creencia de que sus expresiones públicas no serían acalladas durante una festividad en honor a la libertad.(15)

El 4 de julio, temprano por la mañana, miles de personas se congregaron alrededor de la embajada de Estados Unidos, la mayoría de las cuales parecía oponerse a Somoza. Carlos Pasos, un empresario liberal que se perfilaba como el principal opositor a Somoza dentro del partido, pronunció un encendido discurso ante una multitud de 20,000 personas. Poco después, un destacamento de cadetes de la Guardia Nacional que desfilaba frente a la embajada, fue abucheado por la gente. Igual ocurrió cuando Somoza intentó hablar desde una tarima que había mandado construir después de que el Departamento de Estado en Washington le negara el permiso para hablar desde uno de los balcones del edificio diplomático. Posteriormente, la muchedumbre procedió a manifestarse por las calles, pero después de avanzar unas pocas cuadras hasta la embajada mexicana fue disuelta por la Guardia. Alrededor de 500 manifestantes se resguardaron dentro de la propia embajada; después Somoza permitió que la mayoría de éstos se retirara a sus casas, con la excepción de veinte dirigentes que permanecieron en la embajada en calidad de refugiados.(16)

El 5 de julio, los propietarios de varios negocios amenazaron con cerrar en protesta por las capturas; una vez enterado de sus intenciones, el gobierno dispuso que la Junta de Control de Precios y Comercio - dirigida por el coronel estadounidense Irving A. Lindberg, recaudador general de aduanas - les advirtiera que todo negocio que cerrara sus puertas sería intervenido y liquidado, mientras que los comerciantes extranjeros serían expulsados del país.(17)

Los ganaderos de Boaco y Chontales también habían reducido sus envíos de carne a Managua, por lo que Somoza los acusó de subversión y ordenó a los jefes políticos amenazar a los ganaderos que sus reses les serían requisadas y transportadas a Managua por cuenta del gobierno.(18) En suma, el movimiento que comenzó como una protesta estudiantil degeneró en una crisis dentro del Partido Liberal que amenazaba con desarticular la coalición somocista; asimismo, abrió las puertas para que los conservadores expresaran su oposición al presidente.

El 7 de ju1lio, Somoza decidió mostrar alguna flexibilidad, y anunció el retiro de su candidatura presidencial para las siguientes elecciones. Aunque la enmienda constitucional que permitiría la reelección presidencial bajo circunstancias especiales gozaba del apoyo de la mayoría de los liberales - explicó Somoza - se hallaba consciente de que la insistencia en su promulgación podría ocasionar una ruptura dentro del partido, en beneficio de la oposición. Por tanto, estaba dispuesto a sacrificar su futuro político en aras de la unidad partidista y se proponía vetar la enmienda. Asimismo, aseguró que las elecciones presidenciales a realizarse en 1947 serían limpias y garantizó la libertad de prensa. Al referirse a los disturbios de los días anteriores, dijo que las acciones del gobierno no ameritaban semejante comportamiento; por tanto, habían obedecido exclusivamente al interés de algunas personas en subvertir el orden público. En todo caso, agregó, una vez superado el impasse político gracias a su veto de la enmienda constitucional, ya no existía razón alguna para continuar los disturbios; en consecuencia, las personas que insistieran en seguir creando problemas serían tratadas “con la rigidez que merece un crimen de lesa patria”. (19)

Conjugando concesiones y amenazas, Somoza logró superar, en buena medida, la crisis política enfrentada por su gobierno, cuyos últimos episodios se desarrollaron en los días siguientes. El 10 de julio, el ministro de Gobernación, Leonardo Argüello, renunció en protesta por la actitud autocrática adoptada por Somoza ante los disturbios, asegurando que el presidente jamás había tomado en cuenta la opinión de sus ministros o colaboradores cercanos para encontrar soluciones políticas y expeditas a la crisis. Alberto Reyes, alcalde de León, también renunció por razones similares.(20)

Carlos Pasos, el líder liberal disidente, fue llevado de su refugio en la embajada mexicana a entrevistarse con Somoza, con miras a buscar una reconciliación entre los liberales; sin embargo, dicha reunión fue infructuosa debido a la desconfianza de los disidentes hacia Somoza.(21) Mientras tanto, seguían las capturas en algunas partes del país, especialmente en Managua y León, donde se concentraba la mayor parte del estudiantado universitario. En Managua, la lista de estudiantes y de otros participantes en las manifestaciones que habían sido encarcelados sobrepasaba los noventa; muchos de ellos pertenecían a reconocidas familias liberales y conservadoras. En León, el número de manifestantes apresados era menor, pero la ciudad vivía bajo la sombra del temor y la desconfianza.(22)

El 14 de julio, el primer grupo de liberales disidentes abandonó el país hacia el exilio en Costa Rica; entre ellos estaban Carlos Pasos y Carlos Castro Wassmer, un caudillo liberal de la región de León. Otros quince disidentes fueron confinados en Corn Island, aunque según La Prensa casi setenta personas fueron enviadas a exilio interno en esa isla. El día 15 de julio, durante una conferencia de prensa, Somoza aseguró tener un completo control de la situación política. Destacó que ni una sola persona en toda Nicaragua había sido muerta durante los días de disturbios y prometió otorgar en los días siguientes una amnistía en beneficio de todos los exiliados, a fin de que pudieran volver a Nicaragua cuando las pasiones políticas se hubiesen enfriado un poco.(23) En efecto, tres semanas más tarde, envío un proyecto de ley de amnistía al Congreso y difundió un comunicado enfatizando que gracias a la solidez de su gobierno podía actuar con benevolencia y tolerancia frente a la crítica política, siempre que ésta se expresara a través de los canales legalmente establecidos.(24)

B. Las fuerzas políticas durante la crisis

No sería correcto afirmar que el régimen somocista logró superar la crisis política tan sólo como resultado de su fortaleza, o de su actuación magnánima y conciliatoria frente a sus oponentes; su capacidad de sobrevivir también fue consecuencia directa de la debilidad de la oposición. Años más tarde, Somoza reconoció que estuvo a punto de renunciar y abandonar el país en julio de 1944, pero que pudo seguir en el poder gracias a las divisiones en el seno de la oposición.(25) De hecho, la oposición a Somoza y su régimen era muy heterogénea, pues el único elemento que le daba cohesión era el deseo de impedir la reelección de Somoza u otra forma de continuismo somocista.

Algunos de los más fuertes opositores a su reelección eran miembros del Partido Liberal, y eventualmente se desprendieron del mismo para formar el Partido Liberal Independiente (PLI). Los orígenes del PLI se remontan a 1937, cuando unos cuantos jóvenes universitarios liberales organizaron el llamado Grupo Democrático Nicaragüense. El Grupo se reunía para discutir - por lo general, en términos críticos - la naciente dictadura somocista, pero nunca se manifestó públicamente.(26)

A comienzos de la década de 1940, el descontento dentro del Partido Liberal se intensificó, a medida que la fortuna y las ambiciones políticas de Somoza se hacían más evidentes. Finalmente, el conflicto estalló abiertamente en enero de 1944 durante los funerales de Manuel Cordero Reyes, un liberal destacado quien había fungido como ministro de Relaciones Exteriores de Somoza hasta que renunció y se distanció del régimen. Durante el entierro, jóvenes liberales distribuyeron volantes denunciando al régimen de Somoza y convocando a los liberales a unirse en contra del “continuismo somocista”. Suscribieron dicho volante en su calidad de “Liberales Independientes”, término que pasó a convertirse en nombre del partido.(27)

La ideología política del PLI se caracterizó por su acendrado antisomocismo. Acusaban a Somoza de violar los postulados liberales del buen gobierno y de establecer en Nicaragua un sistema de despotismo particularmente duro. En enero de 1944, apareció una crítica al régimen somocista desde la perspectiva de la disidencia liberal, suscrita por tres de sus líderes: Manuel Cordero Reyes, Carlos Castro Wassmer y Carlos Pasos. En general, acusaron a Somoza de violar las libertades políticas del pueblo, de aprovecharse de las instituciones financieras del Estado para su propio peculio, y destruir la independencia del sistema judicial. La crítica en tomo a los aspectos económicos del somocismo se centró en las ventajas competitivas injustas de las empresas de Somoza, derivadas de su control sobre el aparato del Estado, y la coerción política ejercida a través de los bancos y las aduanas. Asimismo, criticaron el control de Somoza sobre el ferrocarril del Estado, situación que aprovechaba para transportar mercancías de su propiedad con un trato preferencial y para convertir el ferrocarril en un instrumento político: “El Ferrocarril es factor principal en el acaparamiento de los negocios del país, y al efecto, estorba, retarda o niega con fútiles pretextos el transporte de los productos cosechados o adquiridos por industriales, comerciantes o productores independientes, métodos que también se usan para ejercer presión política sobre la ciudadanía”.(28)

El PLI mostró particular preocupación porque Somoza estaba “invadiendo” una gama muy diversa de actividades económicas; en ese momento, su fortuna total se estimaba en US$ 10 millones, y sus utilidades anuales en US$ 1 millón. Los disidentes liberales concluían que era prácticamente imposible iniciar un negocio en Nicaragua sin la aprobación - por no decir la participación - de Somoza, a lo que agregaban el siguiente planteamiento: “Y lo peor de un régimen semejante es que mata toda iniciativa, relaja los esfuerzos en marcha, crea un espíritu derrotista y anquilosa el progreso de la nación. (...) Lo indicado constituye el carácter diferencial de la dictadura de Somoza con respecto a las demás de la América Latina, la mayoría de las cuales son de tipo exclusivamente político y algunas verdaderamente honestas y organizativas”. (29) En otras palabras, el problema no se reducía tan sólo a la existencia de una dictadura; sino al tipo específico de dictadura encamado en el somocismo.

El PLI logró crecer y fortalecerse sobre todo en Managua, León, Masaya y las Segovias. De acuerdo a Enrique Espinoza Sotomayor, uno de los fundadores del PLI, entre más negocios tenía Somoza en una región determinada, afectaba a un número mayor de empresarios locales, que se sentían fácilmente atraídos por el PLI.(30)

Sin duda, el PLI se consideraba el repositorio de la ideología liberal genuina - en contraposición a la versión somocista aberrante - pero la ideología no jugó un papel importante en su crítica del somocismo. En algunas ocasiones, los escritos del PLI hacían referencia a “el pue-blo hambriento” y a “la miseria de la gente”, pero con más frecuencia el objeto de sus críticas era la figura de Somoza: “¿Ese ladrón? ¿Ese caco moderno, ese Al Capone sin valor es vuestro presidente? ¿Vais a seguir consintiendo semejante villanía”? (31)

En realidad, el PLI no propugnaba por cambios de envergadura en la sociedad o la economía nicaragüense. Tal como manifestó en un comunicado, emitido en julio de 1944, el propósito del PLI era obligar a Somoza a renunciar, para acabar con el continuismo y garantizar las libertades públicas.(32) El PLI se presentó, por lo tanto, como un partido de las clases medias, similar al arevalismo en Guatemala o el figuerismo (más tarde) en Costa Rica, comprometido con la modernización del Estado mediante el fortalecimiento de sus instituciones políticas y la promoción del desarrollo del capitalismo bajo líneas más humanas y socialmente comprometidas.(33) El Partido Conservador jugó un papel mucho más limitado durante la crisis de 1944.

A raíz de las manifestaciones en Managua, algunos estudiantes de familias conservadoras prominentes fueron encarcelados, tales como Pedro Joaquín Chamorro, quien se convertiría en el director de La Prensa, y Femando Agüero, futuro líder del Partido Conservador después de la muerte del caudillo Chamorro, a mediados de la década de 1960. El diputado conservador Octavio Pasos Montiel también fue encarcelado, pese a su inmunidad parlamentaria. (34)

Tal como se deduce de la agenda de una reunión de conservadores notables, la posición oficial del partido era responsabilizar al gobierno y al Partido Liberal por los acontecimientos pasados, por lo que les correspondía encontrar una solución a la crisis política; mientras tanto, los conservadores se mantendrían al margen, sin aprovecharse de la situación para sus propios fines políticos. Más bien, hicieron un llamado para encontrar una solución democrática y política, pero sin especificar en mayor detalle a qué se referían concretamente.(35)

En parte, la pasividad de los conservadores se debía a la ausencia del exiliado Emiliano Chamorro; de haber estado en Managua, es casi seguro que hubiese intentado un golpe de estado en contra de Somoza.(36) Por el contrario, la posición de los conservadores fue reflejo de la actitud de los grupos más conciliadores del partido, incluyendo a los civilistas liderados por Carlos Cuadra Pasos, y los conservadores somocistas encabezados por José Coronel Urtecho. Por tanto, en esencia, Somoza enfrentó una rebelión dentro de su propio partido.

Un elemento clave que permitió a Somoza resolver la crisis fue la decisión del movimiento obrero de no inmiscuirse en la pugna política; incluso, en algunos casos, ofrecieron apoyo al régimen. Desde finales de 1943, Somoza ya había tomado la iniciativa de buscar una relación más amistosa con varios dirigentes obreros. A comienzos de 1944, el Partido Socialista de Nicaragua (PSN) salió de la clandestinidad y comenzó a organizar actividades proselitistas. En abril del mismo año, Somoza públicamente pidió disculpas a los dirigentes del PSN por haberlos encarcelado, e incluso ofreció presidir un congreso de obreros y campesinos que uniría a las dos facciones del movimiento obrero.(37)

En efecto, el 26 de mayo de 1944 Somoza inauguró el Congreso Obrero en Managua, con u n discurso en el que hizo un recuento de la política de su gobierno a favor de las relaciones armoniosos entre el trabajo y el capital, además de las medidas impulsadas para generar empleo y controlar los precios de los productos de primera necesidad. Asimismo, informó que el gobierno se hallaba estudiando un anteproyecto de código de trabajo que pronto sería enviado al Congreso para su aprobación.

En un futuro próximo, propondría una serie de medidas de seguridad social en apoyo a los enfermos, los jubilados y los desempleados. El gobierno también apoyaría la formación de cooperativas obreras. Concluyó su discurso con una declaración lírica sobre su posición ante la clase obrera: “He querido llevar esperanza y fe en el mañana a los campesinos de piel curtida que se curvan de sol a sol en el dolor fecundo de la siembra, y a los obreros que en las fábricas y en los talleres, lo mismo que en las noches sin estrellas de las minas, amasan con sudor y sangre generosos la riqueza nacional. Esperanza y fe en un porvenir con pleno acceso al pan, a la risa y al canto”.(38)

El discurso de Somoza fue contestado por el dirigente sindical Absalón González, un somocista a ultranza, quien fue electo presidente del congreso con miras a ofrecer un semblante de unidad entre las varias facciones sindicales. Somoza era el primer presidente en la historia independiente de Nicaragua - aseguró González-que había mostrado algún interés por la clase obrera y cumplido fielmente con sus promesas a los trabajadores. Solicitó al gobierno la promulgación de un código de trabajo de “inspiración cristiana”, y pidió a todos los presentes respaldar dicho proyecto para lograr su aprobación en la legislatura. Aunque el Congreso Obrero no apoyó las pretensiones reeleccionistas de Somoza, sí le dio un voto de confianza por sumarse a la coalición antifascista con las potencias aliadas, y por permitir a los obreros organizarse y expresarse libremente.(39) De hecho, la mayoría de los doscientos delegados al congreso pertenecían a facciones del movimiento obrero identificadas con la izquierda marxista, pero prácticamente se vieron obligados a apoyar al régimen somocista debido a la oposición de los conservadores y empresarios a la promulgación de un código de trabajo.(40)

Las manifestaciones antisomocistas y la represión desatada por el régimen durante los meses de junio y julio de 1944, significaron una prueba de fuego para los obreros, pues los obligó a definir su posición política. En Managua, varios sindicatos obreros firmaron un volante titulado “Formal llamamiento a los trabajadores”, en el cual condenaban el llamado de la oposición a una huelga general. En dicho volante, se justificaban las huelgas convocadas y dirigidas por la clase obrera como una acción legítima; sin embargo, sólo generaban hambre y miseria para la clase trabajadora cuando obedecían a otros intereses. En este caso - afirmaban - el llamado a la huelga provenía de “los de arriba, de nuestros explotadores más reaccionarios y peligrosos”. Por ende, sólo podía considerarse legítima una huelga que respondiese a las necesidades más importantes e inmediatas de la clase obrera. Finalmente, el volante llamaba a los trabajadores a mantener la tranquilidad, para poder seguir organizando y fortaleciendo sus sindicatos en un clima de “paz democrática y normalidad constitucional”.(41) Obviamente, tal postura favorecía al régimen.

De manera simultánea, el Comité Organizador de la Confederación de Trabajadores de Nicaragua, dentro del cual se hallaban representadas ambas tendencias del movimiento obrero, emitió un volante explicando su posición frente a los disturbios. Por una parte, felicitaron a los estudiantes nicaragüenses por respaldar la legítima lucha de sus homólogos guatemaltecos contra la tiranía en aquel país. Sin embargo, por otra parte, argumentaron que los estudiantes nicaragüenses habían sido manipulados por grupos liberales disidentes, conservadores y “tipos nazi-fascistas”, cuyo único objetivo era apoderarse del gobierno y adueñarse del presupuesto nacional. Por tanto, lo que había empezado como una simple expresión de solidaridad estudiantil, se había convertido en una provocación peligrosa. Si en realidad deseaban contribuir al bienestar del país - advirtió el Comité a los estudiantes - primero debían rechazar todas las intrigas políticas y unirse al movimiento obrero, a fin de lograr una “paz democrática”, pues ésta era una condición necesaria para asegurar el bienestar y el progreso de la nación. De lo contrario, Nicaragua caería en la “descomposición social”, promovida por políticos ambiciosos quienes buscaban su propio provecho personal “en aquellos momentos cuando el pueblo equivocadamente les apoya”.(42) Aunque el Comité Organizador evitó en todo momento exaltar a Somoza como un líder nacional u ofrecerle su respaldo, tácitamente dio un voto de confianza a Somoza al negarse a apoyar a la oposición.

El Partido Socialista de Nicaragua, que representaba el ala izquierda del espectro político, también hizo pública su posición frente al régimen. En un extenso comunicado, firmado por varios dirigentes sindicales que también pertenecían al Comité Organizador, el PSN describió el sistema de partidos de Nicaragua como un pequeño grupo de líderes que tomaban decisiones a nombre de muchos obreros y del pueblo en general, en ausencia de una organización política verdaderamente representativa de la clase obrera. El PSN anunció su decisión de llenar tal vacío, luchando por la justicia social bajo un programa de unidad nacional. De acuerdo al comunicado, el PSN estaba dispuesto a apoyar las políticas de bienestar social del régimen somocista, y a subordinar los intereses del propio partido en aras del interés nacional. Reconocieron haber cometido un error en el pasado, al insistir en su propia posición: “Adversábamos al gobierno del General Somoza, pero advertimos que no poseíamos una justa línea política y luego procedimos a justificarla.

El General Somoza nos ha manifestado también que él está dispuesto a oír la voz de su pueblo... Tenemos fe en que el señor Presidente de la República sabrá entenderse con nuestro pueblo, porque EL SABE MUY BIEN QUE NINGUN GOBERNANTE DE LA TIERRA PODRA EXISTIR SI DESOYE LA VOLUNTAD POPULAR”. De manera más precisa, agregaron: “Tenga Ud. en cuenta, General Somoza, que si nuestro pueblo no participa en actividades contra el régimen que Ud. representa, Ud. podrá mantenerse tranquilo”. Por su parte, el PSN se comprometió a oponerse a todas las acciones que violentaran el orden público e hizo un llamado a todos los nicaragüenses a seguir su ejemplo.(43)

Otras organizaciones obreras - sobre todo aquellas que se habían formado en tomo a las casas del obrero - se pronunciaron a favor de Somoza en términos aún más contundentes. En un volante emitido por la Casa del Obrero de León se instó a los obreros a rechazar los llamados de la oposición, recordándoles que Somoza había construido escuelas para la clase obrera, otorgado créditos a bajos intereses a los campesinos y prometido un código de trabajo.(44)

Otro grupo hizo circular un volante titulado “Seis verdades sobre el Presidente Somoza” en el que se describía a la oposición en términos particularmente duros: “El grupo de políticos profesionales que actualmente combaten al Presidente Somoza son de linaje estrictamente burgués, inclusive, latifundista, industriales, negociantes, traidores y en fin, hombres que durante un decurso [sic] de años han gobernado al país organizados en castas aristocráticas explotadoras del pueblo”. Sin embargo, los autores del volante ofrecieron un apoyo más matizado al gobierno: “El pueblo nicaragüense no seguirá la tesis de botar a un Somoza para entronar a otro. Mientras no cuente con elementos sanos y preparados, capaces de darle la batalla a la reacción, estaremos al lado del Gral. Somoza”.(45)

Además del apoyo tácito o declarado ofrecido por el movimiento obrero al régimen somocista, el Partido Liberal procuró la movilización de sus seguidores en diversas partes del país, instándolos a manifestar su respaldo a Somoza por medio de pronunciamientos escritos, o mediante el traslado de sus simpatizantes hacia los puntos de mayor tensión. Desde el departamento norteño de Jinotega, el Partido Liberal envió a Managua siete camiones repletos de somocistas dispuestos a apoyar la causa en caso necesario. Asimismo, organizaron una fuerza de autodefensa, previendo la posibilidad de que los guardias destacados en Jinotega fuesen movilizados a otra región.(46) En Managua, la dirección del Partido Liberal emitió un comunicado llamando a los liberales a cerrar filas en tomo al partido, para que pudiera presentarse a los siguientes comicios desde una posición de fuerza.(47)

La Guardia Nacional, integrada sobre todo por liberales, se mostró muy preocupada por el desenlace de los acontecimientos de julio; tal como se revela en una carta remitida a Somoza por el teniente Alfonso J. Borgen desde el Ingenio San Antonio en Chindandega: “La Guardia Nacional casi está formada solo por liberales, y creo que todos mis compañeros ven, como lo veo yo, que si Ud. abandona la Presidencia, nuevamente y a continuación volveremos a sentir la bota verde del conservatismo, las cadenas y el látigo de los Chamorros”.(48)

C. Las nuevas reglas del juego para los medios y los trabajadores

Aunque Somoza logró controlar la situación política en cuestión de semanas, la gravedad de la crisis le obligó a reconsiderar la composición de la coalición somocista. Se evidenció, en primer lugar, que el presidente no contaba con la total fidelidad del Partido Liberal; además, ciertos comerciantes y ganaderos habían manifestado su disgusto hacia el régimen al intentar cerrar sus establecimientos o limitar sus actividades. La Guardia se había mantenido firme y el movimiento obrero había dejado en claro sus preferencias políticas, aunque no de manera tan categórica como lo hubiera deseado Somoza. Los empleados públicos también se habían mantenido fíeles, e incluso habían participado en las manifestaciones callejeras en apoyo al régimen.(49) Sin embargo, era necesario fortalecer la coalición somocista, esforzándose por unir a la familia liberal, estrechar los vínculos con la clase obrera y ampliar la clientela burocrática del gobierno.

Asimismo, era necesario definir con mayor precisión el papel de la oposición política y de las opiniones disidentes dentro del Estado nicaragüense, a fin de evitar una nueva explosión como la de julio de 1944. Es decir, el régimen permitiría a la oposición política actuar y expresar sus puntos de vista, pero dentro de ciertos límites establecidos por las leyes y por las prácticas electorales anteriores. Se perseguía un doble objetivo. Por una parte, permitir la presencia de cierta oposición para legitimar al régimen somocista, sobre todo para acallar a los críticos, dentro y fuera de Nicaragua, que acusaban a Somoza de ser un dictador. Por otra parte, la oportunidad de expresar opiniones disidentes y participar en eventos electorales servía como válvula de escape a las presiones acumuladas dentro del restringido entorno político de Nicaragua. Además, permitía mantener viva la esperanza entre la oposición de que quizás, algún día, se podría derrotar al régimen siguiendo sus propias reglas.

Somoza consideraba fundamental tomar medidas que limitaran los espacios de expresión política, pero evitando crear la imagen de que se vivía bajo un pleno estado de sitio, pues ello anularía toda posibilidad de presentar a Nicaragua como una “democracia”. En pocas palabras, Somoza estaba dispuesto a permitir la existencia de una oposición política, pero restringiendo su acceso a los medios de comunicación, para evitar que la información política fluyera libremente a través de los periódicos, las estaciones de radio y el cine. La actitud del régimen hacia los medios de comunicación siempre fue ambivalente. Somoza fingía agradecer las críticas a su gobierno, siempre que éstas fueran “constructivas” y enmarcadas dentro de las leyes. Sin embargo, al mismo tiempo acusaba a los periódicos de desempeñarse como voceros de la oposición política para lanzar críticas insultantes a su gobierno, al extremo de borrar toda distinción entre “libertad” y “libertinaje”.(50)

Una vez superada la crisis de julio de 1944, Somoza envió un proyecto de ley al Congreso para restringir la libertad de expresión. Además, decretó que a partir del 5 de agosto, se pondría en práctica la censura previa; ésta sería ejercida por un censor del gobierno facultado para revisar las galeras de los periódicos y eliminar todo material considerado inapropiado bajo los lineamientos de la ley marcial vigente desde diciembre de 1941,(51) La política de censura previa fue abrogada tres días más tarde, después de una reunión entre Somoza y los dueños de periódicos en la que éstos se comprometieron a asumir estricta responsabilidad de la línea editorial de sus medios, emplear un “lenguaje de altura” en sus escritos, y abstenerse de lanzar insultos personales.(52)

Aunque en la práctica no se ejerció la censura previa, en septiembre de 1944 el Congreso aprobó una ley que restringía la libertad de expresión, y ésta fue ratificada por Somoza. La ley otorgó una serie de concesiones a los medios de comunicación, incluyendo la exención de todo impuesto y del pago de correo dentro del país, aun para el envío de periódicos por suscripción. Sin embargo, también enumeraba una serie de situaciones que constituían violaciones a la libertad de prensa, entre otras, la publicación de propaganda que incitase a la subversión del orden social o público por medios violentos, llamados a la desobediencia civil, comentarios insultantes acerca de las instituciones fundamentales del Estado, y noticias falsas con miras a alterar el orden público o infundir pánico en los negocios. Los castigos previstos para los que violaran la ley incluían el pago de multas, en los casos más leves, hasta el cierre del medio en los casos más graves.(53) La Prensa, el principal periódico opositor, fue cerrado por el gobierno antes de que la ley entrara en vigencia, y no se le permitió reabrir hasta mediados de 1946.

Después de limitar la libertad de expresión, Somoza se dedicó a cimentar sus relaciones con el movimiento obrero. En este momento, el punto medular era el código de trabajo, que el presidente venía prometiendo al movimiento obrero desde fines de la década de 1930. Hacia agosto de 1944, el Congreso ya había recibido el anteproyecto de ley correspondiente. Algunos senadores conservadores expresaron su desaprobación, argumentando que el código era muy prematuro, pues en Nicaragua no existían problemas laborales urgentes que exigieran un cuerpo legislativo tan extenso. Además, dijeron, el anteproyecto hacía muy poca referencia al campesino; pero, como era de esperarse, la mayoría liberal aprobó el código sin mayor debate.(54)

El Código de Trabajo de 1945, documento fundamental que reglamentaría las relaciones entre el capital y el trabajo, reflejaba la perspectiva somocista de que la producción económica debía organizarse bajo el amparo del Estado.(55) En consecuencia, se convirtió en un instrumento que permitió al Estado controlar las relaciones entre el capital y el trabajo; su importancia para los trabajadores, como un medio que les permitiese alcanzar sus objetivos a través de huelgas, negociaciones y expresiones políticas, fue mucho menor. Por ejemplo, el Código reconocía el derecho no sólo de los trabajadores, sino también de los patrones, de unirse en cooperativas y sindicatos. Entre los objetivos de tales asociaciones se enumeraron los siguientes: denunciar las irregularidades en la aplicación del Código de Trabajo y celebrar convenciones colectivas de trabajo, así como representar a sus miembros en los conflictos obrero-patronales y en los procedimientos de conciliación y arbitraje. Además, para funcionar, cada sindicato debía estar previamente legalizado por la Inspección General de Trabajo. Esta dependencia del Ministerio del Trabajo también podía revocar la inscripción de un sindicato si el número de sus asociados caía por debajo del mínimo de veinticinco miembros exigidos por el Código, si se adhería a un partido político de carácter nacional o internacional, o se dedicaba a actividades políticas.(56)

Incluso la huelga - uno de los instrumentos fundamentales de los obreros en sus relaciones con los patrones - estaba sujeta a ciertas condiciones y objetivos, que otorgaban al Estado la facultad de decidir, en última instancia, si una huelga era “lícita” o no lo era. En consecuencia, sólo era posible convocar legalmente a una huelga con el fin de conseguir un “equilibrio” entre los diversos factores de la producción, evitar malos tratos o medidas injustas por parte de los patrones, obtener del patrón el cumplimiento o la celebración del contrato de trabajo, y “armonizar” los derechos del trabajo con los del capital. La legalidad de una huelga dependía, además, de que estuviera apoyada por el 60% de los trabajadores, y se desarrollara sin violencia y sin coerción.

Por otra parte, los trabajadores de instituciones de servicio público - es decir, la totalidad de los empleados del gobierno - no podían hacer uso de la huelga bajo ninguna circunstancia. El recurso a este instrumento de negociación también le estaba vedado a los trabajadores de sectores de “interés colectivo”, término que abarcaba a todos los trabajadores rurales dedicados a la agricultura, la ganadería y la industria de la madera.(57) Por lo tanto, tan sólo una ínfima parte de la fuerza laboral del país tenía derecho de declararse en huelga; y aún éstos corrían el riesgo de que su decisión de irse a la huelga no fuese aprobada por las autoridades estatales. Se estipulaba, además, que la decisión de irse a la huelga sólo podía ser tomada por los propios trabajadores de una empresa; las personas ajenas a la misma que intentaran fomentar una huelga desde fuera, politizar un conflicto laboral o incitar a la violencia serían castigados por la ley. Finalmente, la ley exigía agotar todos los recursos de mediación y conciliación antes de convocar a una huelga.(58)

En vista de las múltiples restricciones que pendían sobre los derechos de los trabajadores y sus sindicatos, la independencia del movimiento obrero con respecto al régimen resultaba prácticamente imposible. No obstante, durante los años de 1944-1946 el país vivió un nivel de activismo sindical casi sin precedentes, y que pocas veces se repetiría. Entre agosto y diciembre de 1944, estallaron varias huelgas en Managua; la más importante de éstas ocurrió en septiembre, en la empresa textilera de Pasos y Arellano, de la que era socio Carlos Pasos, líder del PLI. Poco después, los obreros de la fábrica de cemento, cuyo principal accionista era el propio Somoza, se fueron a la huelga.

En diciembre, los obreros que construían la carretera Panamericana se declararon en huelga en demanda de mejores salarios. En todos estos casos, el gobierno pudo negociar arreglos que los trabajadores aceptaron sin objeciones. Sin embargo, hacia comienzos de 1945, Somoza comenzó a reprimir a los sindicatos dominados por los socialistas, así como a aquellos que estaban causando demasiados problemas a las empresas industriales.(59) En primer lugar, Somoza no tenía intención de permitir el crecimiento de la presencia del PSN dentro del movimiento obrero, si ésta llegaba a poner en peligro la posición de los dirigentes somocistas. En segundo lugar, Somoza era accionista de un buen número de las empresas industriales. Es decir, estaba dispuesto a permitir el crecimiento del movimiento obrero, siempre que no representara una amenaza para su control político o intereses económicos, por lo que su margen de maniobra era escaso.

No obstante, el crecimiento del movimiento obrero - en términos del número de sindicatos y de trabajadores afiliados - fúe impresionante. Entre 1944 y 1945, el número de sindicatos legalmente autorizados para operar en el país pasó de 11 a 97.(60) En vista del entusiasmo por organizar nuevos sindicatos, el Ministerio del Trabajo elaboró machotes de actas de constitución y de estatutos que podrían emplear todos los sindicatos. Hacia fines de 1945, el total de obreros sindicalizados sobrepasaba los 14,000; el sindicato más numeroso - el de los estibadores del puerto de Corinto - tenía 167 afiliados, y el más pequeño tenía siete. La mayoría de los demás sindicatos tenía entre 30 y 50 afiliados cada uno.(61) Es posible que algunos de estos sindicatos ya existiesen bajo distintos nombres, y su aparición en los registros del Ministerio del Trabajo obedeciera a la necesidad de acatar las nuevas disposiciones de inscripción. En 1946, el número de inscripciones de sindicatos se redujo a 29 y en 1947 apenas fue de 13. En los años siguientes, casi ningún sindicato nuevo se inscribió. Estos datos sugieren que el interés de Somoza por la organización sindical estaba determinado por una conveniencia pasajera, aunque también es posible llegar a la conclusión de que el potencial para la organización sindical dentro de los límites del Código de Trabajo ya se había agotado en gran medida en 1945.

La verdadera actitud de Somoza hacia el movimiento obrero comenzó a perfilarse durante y después de 1945. Con miras a contrarrestar la influencia del Partido Socialista dentro del movimiento obrero, Somoza le dio su apoyo al denominado Comité Organizador de la Confederación de Trabajadores de Nicaragua, encabezado por dirigentes sindicales que estaban dispuestos a trabajar con Somoza. Pero la creciente fuerza y presencia del Partido Socialista dentro del movimiento sindical, y su rechazo a convertirse en un aliado dócil dentro de la coalición somocista, finalmente convenció a Somoza de la necesidad de aplicar mano dura. En agosto de 1945, el gobierno expulsó aun primer grupo de dirigentes socialistas; sin embargo, pese a la represión, el PSN continuó manteniendo una presencia fuerte dentro del movimiento obrero, e incluso llegó a imponerse durante la convención obrera organizada por la Confederación de Trabajadores de Nicaragua (CTN) en febrero de 1946.(62)

Si bien es cierto que el apoyo de los trabajadores fue decisivo para mantener al régimen somocista en el poder durante los meses críticos de 1944, en última instancia, Somoza no logró unificar a su alrededor un movimiento obrero fuerte, tal como le hubiera gustado. Quizás Somoza consideró que su apoyo al Código de Trabajo, así como su actitud tolerante frente al activismo político y sindical de la izquierda, le bastarían para ganar el apoyo incondicional de los trabajadores. Al no lograr su propósito, el valor político del apoyo brindado por el movimiento obrero no compensaba las críticas que recibía desde el sector empresarial y del Partido Conservador. Además, una vez superada la crisis de 1944, el apoyo obrero perdió importancia. En ese momento, consideró conveniente distanciarse del movimiento obrero, o al menos romper los nexos con los sindicatos y federaciones dominados por el PSN. Su actitud empezó a cambiar. Por ejemplo, en abril de 1946, la Federación de Trabajadores de Managua (FTM) solicitó autorización para celebrar el Día del Trabajo con un desfile por las calles de la ciudad; Somoza rechazó su solicitud bajo el pretexto de haber otorgado ya un permiso similar a otra federación; por tanto, instó a la FTM a celebrar la festividad en la Casa del Obrero.(63) Y cuando el sindicato - identificado con el PSN - de la empresa textilera de Pasos y Arellano se fue a la huelga de nuevo en diciembre de 1946, Somoza se alió con los dueños y procedió a decretar la ilegalidad de la huelga.(64)

D. Estados Unidos y la reelección de Somoza

Ante el progresivo distanciamiento del movimiento obrero, el régimen somocista se vio obligado a reforzar sus vínculos con los demás elementos que formaban parte de la coalición somocista, así como buscar un acomodamiento con los partidos políticos de oposición. Estos esfuerzos se enmarcaron en el proceso de elecciones presidenciales y legislativas programadas para febrero de 1947. Mediante este procedimiento, Somoza buscaba fortalecer al PLN para que participara con ventaja en las elecciones y que el pueblo pudiera expresar su apoyo al régimen. Asimismo, procuraba asegurarse la participación de los partidos de oposición, para que canalizaran sus energías políticas en la campaña electoral. En otras palabras, el régimen necesitaba recuperar la legitimidad perdida durante los días conflictivos de junio y julio de 1944.

Incapaz de obtener el apoyo de la clase obrera para movilizar a las masas bajo sus propias condiciones, Somoza optó por el mecanismo legitimador más convencional de celebrar elecciones. Tal decisión le exigía, a lo sumo, abandonar sus pretensiones de ocupar de nuevo la silla presidencial, pues había vetado la enmienda constitucional que autorizaba la reelección presidencial. Sin embargo, éste era un obstáculo un poco ambiguo; en realidad, la decisión de Somoza de abstenerse de lanzar su candidatura fue determinada, en buena medida, por la presión ejercida por el gobierno de Estados Unidos a través de su embajador en Managua.

Hacia comienzos de 1945, en diversos puntos del país volvieron a escucharse voces en apoyo a una candidatura somocista. En León, donde Somoza llegó en enero para inaugurar un evento religioso en compañía del obispo, hubo discursos que lo animaban a lanzarse como candidato a la presidencia en imitación del presidente estadounidense Franklin Roosevelt, quien acababa de ganar una cuarta elección consecutiva en su país. Seguidamente, un campesino quien se pronunció a favor de Somoza, desestimó los impedimentos legales a una reelección, bajo el argumento de que la población rural necesitaba tierras y herramientas para trabajarla, caminos rurales, escuelas y apoyo técnico. Las exigencias que otros planteaban al régimen, dijo, eran ajenas al campesinado: “La libertad que otros reclaman no nos afecta, porque en el campo no se sienten las necesidades que afectan a los hombres de la ciudad”.(65) Es decir, no importaba si Somoza se decidía a gobernar como dictador, mientras cumpliera con sus promesas al pueblo.

Durante los siguientes meses del año 1945, los cabildos y cónclaves de los liberales somocistas concluían con las acostumbradas “actas de adhesión y proclamación” fumadas por centenares de simpatizantes del régimen.(66) Su contenido era muy similar a las que se redactaron durante la campaña de 1935-1936, donde se destacó el papel de Somoza en el mantenimiento de la paz, la unidad del PLN y el progreso nacional. Los mecanismos empleados para entusiasmar a los seguidores fueron muy similares, también. El dinero y el licor fluyeron en abundancia, especialmente enjulio cuando las proclamaciones a favor de Somoza se intensificaron. En Nandaime, cerca de Granada, el partido congregó a músicos, acompañados de pólvora y guaro, para crear un ambiente festivo entre la concurrencia. En el departamento de Jinotega, se estimó el gasto de propaganda en CS$ 10,000 y se repartieron 800 litros de aguardiente, mientras que en el departamento de Estelí cada pueblo recibió CSS200 (equivalentes a unos US$ 40) para gastos, además de 150 litros de licor.(67)

Hacia mediados de 1945, Somoza no daba indicios de tener intenciones de cumplir con la promesa que hiciera el año anterior en el sentido de no buscar la reelección. En agosto, Nelson Rockefeller, para entonces secretario de estado en funciones, advirtió al embajador nicaragüense en Washington, Guillermo Sevilla Sacasa, que los planes de reelección de Somoza entorpecerían las relaciones entre Estados Unidos y Nicaragua, mientras que su retiro de la campaña electoral le ganaría el respeto y los aplausos de su gobierno.(68)

Unos días más tarde, el embajador de Estados Unidos en Managua, Fletcher Warren, abordó dicho tema con Somoza, y éste le aseguró estar consciente que las proclamaciones de su candidatura violaban la ley electoral, atribuyéndolas a la iniciativa personal de algunos amigos a quienes no podía enviar a la cárcel sin más. Asimismo, se había visto motivado a permitir que se le postulara como candidato - aseguró - para mantener bajo control a ciertos oficiales de la Guardia Nacional, cuyas ambiciones políticas personales amenazaban la paz de la nación. Informó a Warren de una tercera razón para permitir la proclamación de su candidatura: si anunciaba su determinación de no presentarse como candidato, algunos funcionarios de su gobierno se apresurarían a enriquecerse de manera exagerada antes que finalizara su gestión, dada su “desafortunada” inclinación a querer lucrarse de sus cargos. Finalmente, explicó que mientras se le proclamara como candidato, la oposición no encontraría un contrincante viable para presentarlo ante el electorado; llegado el momento oportuno, esta situación le permitiría escoger un candidato aceptable tanto para él como para la oposición. Por tanto, aseguró: “En ese momento, nosotros (no cabe duda que se refería a su persona y a Estados Unidos cuando dijo ‘nosotros’) podemos estar seguros que el hombre seleccionado actuará patriótica y lealmente en función de los intereses de Nicaragua y Estados Unidos” .(69) Finalmente, Somoza aseguró a Warren que no quería buscar la reelección, por hallarse demasiado cansado para seguir en la política.

Comprendiendo que el gobierno de Estados Unidos no veía con buenos ojos sus ambiciones políticas, Somoza empezó a darle largas al asunto de las elecciones. A finales de agosto volvió a reunirse con Warren, y le pidió que el gobierno estadounidense ofreciera algunas sugerencias en cuanto a la persona idónea para ser designada candidata a la presidencia. Los conservadores se hallaban perfectamente conscientes de que el próximo presidente sería un liberal - aseguró - y su líder Cuadra Pasos prefería que él (Somoza) continuara en la presidencia.(70) La respuesta del Departamento de Estado fue de que las candidaturas presidenciales eran un asunto netamente nicaragüense. Sin embargo, en octubre, Somoza se acercó nuevamente al embajador estadounidense y le informó que probablemente acabaría siendo designado candidato presidencial por el Partido Liberal; por tanto, era necesario pensar en una salida a tal encrucijada. A continuación, le participó de sus planes de viajar a West Point en junio del siguiente año para asistir a la graduación de su hijo, Anastasio Somoza Debayle, y de permanecer en Estados Unidos hasta después de las elecciones de febrero de 1947. Mientras tanto, debía decidir, en conjunto con el Departamento de Estado, si mantenía su candidatura a la presidencia de Nicaragua.(71)

Obviamente, Somoza necesitaba la aprobación estadounidense para impulsar su candidatura, mas no el apoyo directo de Washington. Su situación en ese momento era diferente a la de 1936, cuando Washington proclamaba una estricta política de no injerencia. Ahora, las autoridades más altas del Departamento de Estado le habían solicitado explícitamente que se apartara de la presidencia al finalizar su período de gobierno. Aunque Washington no llegó a amenazarlo con represalias concretas, Somoza estaba consciente del riesgo de oponerse a sus deseos, pues si Estados Unidos se negaba a reconocer la legitimidad de su futuro gobierno, el resto de Latinoamérica también lo aislaría. Más grave aún, el no reconocimiento por parte de Estados Unidos pondría en entredicho su propia legitimidad dentro de Nicaragua. Si Estados Unidos daba a entender de que el continuismo somocista no era condición necesaria para la paz y la estabilidad de Nicaragua, tampoco se opondría a su derrocamiento. Este era el quid del mensaje que el Departamento de Estado le estaba transmitiendo: desde la perspectiva de Washington, ya no era indispensable que Somoza continuara al frente del gobierno.

Somoza, por supuesto, pensaba todo lo contrario. Tal como enfatizó Warren en una nota remitida a Washington, Somoza se consideraba como el único garante de la paz y el orden en Nicaragua. Se había convencido a sí mismo de que su deber ante Nicaragua y su pueblo era postularse a la reelección. De acuerdo a Warren, Somoza creía “intensamente” que la democracia nicaragüense requería de “expresiones y procedimientos diferentes” a los que imperaban en Estados Unidos.(72)

Asimismo, Somoza insistía en contar con el apoyo del 80% del pueblo nicaragüense.(73) Al parecer, hacia mediados de noviembre Somoza creía que su posición frente al Departamento de Estado se había fortalecido. Por tanto, comunicó al embajador estadounidense sus intenciones de buscar el apoyo de conservadores y liberales para su candidatura, propósito del que desistiría sólo en caso de no conseguir el apoyo bipartidista.(74)

Ante la actitud desafiante de Somoza, el Departamento de Estado procedió a intensifica r las presiones. El embajador Warren recibió copia de un discurso pronunciado en la Universidad de Pennsylvania por Elliot O. Briggs, director de la Oficina de Asuntos de las Repúblicas Americanas, sentando la posición del gobierno estadounidense frente a los gobiernos dictatoriales en Latinoamérica.

En breve, Briggs reiteró la política de no intervención de Estados Unidos en Latinoamérica; sin embargo, aclaró que dicha política no era impedimento para extemar su opinión sobre asuntos de “vital importancia”. Por tanto, manifestaba su preocupación ante la existencia de algunos gobiernos que no habían llegado al poder a través de procesos democráticos, o que se habían mantenido en el poder mediante mecanismos inconstitucionales, sin el consentimiento del pueblo. Según Briggs, Estados Unidos “obviamente sentiría una amistad más cálida y mayor deseo de cooperación en el caso de aquellos gobiernos que se mantienen mediante la voluntad popular expresada libre y periódicamente. . . La política de no intervención no significa la aprobación de la tiranía local” .(75)

El 29 de noviembre, Warren se presentó ante Somoza con una copia de este discurso y de otros documentos que reflejaban el desencanto del Departamento de Estado en relación a las ambiciones reeleccionistas del dictador. Platicaron largo y tendido.

Somoza procuró dar la apariencia de ser totalmente ajeno a las preocupaciones del gobierno estadounidense, y solicitó a Warren una explicación al respecto. Observando un estricto protocolo diplomático, con el fin de evitar la impresión de que estaba interfiriendo en los asuntos internos de Nicaragua, Warren informó a Somoza haber recibido instrucciones de entregarle dicha documentación, pero el presidente debía extraer sus propias conclusiones de la misma. Ante la insistencia del presidente en demandar una aclaración, Warren le aclaró que sólo emitiría su opinión “personal”: Somoza era un dictador. Obviamente, la opinión del embajador coincidía plenamente con el criterio del Departamento de Estado.

Ante esta respuesta, Somoza le preguntó por qué el Departamento de Estado no le indicaba con exactitud lo que deseaba de él. A esto Warren respondió que precisamente llevaba cuatro meses intentando comunicarle cuál era su situación con respecto al gobierno de Estados Unidos. Somoza ripostó: “Como amigo, me merezco un mejor trato del Departamento de Estado. Debe decirme exactamente qué es lo que quiere de mí, tal como le he pedido que me lo diga”. A continuación, tomó un lápiz y redactó una declaración ofreciendo “al Departamento de Estado renunciar a mi candidatura dentro de un máximo de treinta días y dedicarme durante el resto de mi gobierno a laborar por el progreso y garantizar elecciones libres en Nicaragua durante el próximo período electoral”. Explicó a Warren que necesitaba treinta días “a fin de arreglar algunos asuntos pendientes y para no dar la impresión de que se estaba doblegando bajo presión” - argumento que el embajador interpretó como “pura contemporización”; es decir, una maniobra para ganar tiempo.(76)

Ante esta situación, el Departamento de Estado dio instrucciones a Warren de comunicar a Somoza que no podía aceptar su ofrecimiento de renunciar a la candidatura, pues ese era un asunto interno de Nicaragua y responsabilidad exclusiva del presidente. Somoza reaccionó molesto; según Warren “pareció herido” y lamen-tó haber sido malinterpretado por Estados Unidos. En un telegrama enviado al Departamento de Estado, el embajador transmitió la respuesta de Somoza: “Solamente quería que Estados Unidos, un país amigo (el hermano mayor del continente, como suelo decir), conociera mi decisión de antemano con la esperanza de que mi acción contribuiría a la tranquilidad de Nicaragua. No era mi intención ofender o perjudicar a Estados Unidos bajo ningún concepto... Dígales que no quise perjudicar u ofender; solamente quería ser amistoso”.(77)

Dos semanas más tarde, se celebró una reunión en Washington a la cual asistieron el embajador nicaragüense, Guillermo Sevilla Sacasa; el secretario de estado adjunto, Spruille Braden; y el jefe de la División de Asuntos Caribeños y Centroamericanos, William P. Cochran. Sevilla Sacasa confirmó la decisión de Somoza de rechazar la candidatura para otro período presidencial, a pesar de que “muchos miembros” de la Guardia Nacional, así como “sectores amplios” del pueblo, deseaban su continuidad en el cargo. Braden se abstuvo de emitir juicios sobre la decisión de Somoza, pero aseguró que “la mejor manera de practicar la democracia era practicando la democracia”, aunque resultase un proceso difícil. Insinuó que Somoza, como un ciudadano privado, podría seguir ejerciendo una influencia considerable en el desarrollo de Nicaragua hacia la democracia; dejando en claro que convertirse en un “ciudadano privado” implicaba separarse de la presidencia y de la Guardia Nacional, y retirarse de la política. Es decir, Braden deseaba que Somoza abandonara el escenario político por completo.(78) Poco tiempo después, Somoza anunció su retiro de la campaña electoral, pero no mostró intención alguna de renunciar a la jefatura de la Guardia Nacional.

La oficialidad más joven de la Guardia Nacional se mostraba cada vez más preocupada por las posibles consecuencias de las ambiciones de Somoza. El agregado militar de Estados Unidos en Nicaragua, el coronel Judson, había sostenido conversaciones con estos oficiales sobre la necesidad de una guardia “apolítica”, así como de la posibilidad de suspender la asistencia militar estadounidense mientras no se resolviera el problema de Somoza. El cuñado de Somoza, Luis Manuel Debayle, incluso renunció a su cargo de coronel en la Guardia en protesta por la campaña reeleccionista de Somoza.(79) La renuncia de Somoza a su candidatura presidencial no causó mayor sorpresa, en vista de la decidida oposición de Estados Unidos y las probabilidades de una división dentro de la Guardia. Sabía que de insistir en sus objetivos originales, corría el riesgo de perder el apoyo de sus bases sociales más leales, sin haber preparado alternativas confiables. No le quedaba más opción que llevar a cabo las elecciones tal como había prometido, procurando sacarles todo el provecho posible.

E. La campaña electoral de 1947

Al decidirse por celebrar elecciones en 1947, el régimen se vio obligado a iniciar un proceso de “apertura”, y resolver algunos problemas legales. Uno de estos era la inexistenciajurídica del Partido Conservador, liderado por Emiliano Chamorro y Cuadra Pasos, pues no había participado en las elecciones de 1936 y 1938. De acuerdo a la ley electoral de 1923, los partidos que decidieran participar en la contienda, debían solicitar su inscripción ante el Consejo Nacional de Elecciones, respaldada por un número de firmas equivalente al 5% del total de votos emitidos en la elección anterior. Con miras a facilitar el retomo de los conservadores al redil de los partidos políticos, en agosto de 1945 el gobierno emitió un decreto reconociendo a los liberales y conservadores nacionalistas como los principales partidos de Nicaragua; sin embargo, también reconocía la “existencia histórica y legal” del Partido Conservador, por lo que le permitiría presentar candidatos a cargos públicos sin necesidad de los trámites de petición y recolección de firmas.(80)

En segundo lugar, en noviembre de 1945, el gobierno levantó el estado de sitio que había impuesto desde diciembre de 1941. Esta medida permitía reiniciar las actividades políticas sin necesidad de solicitar permiso a las autoridades antes de cada acto político; de esta manera, se abrieron las puertas para la realización de manifestaciones, reuniones y propaganda política que, hasta entonces, era ilegal.(81)

En tercer lugar, Somoza eliminó gradualmente las restricciones que pesaban sobre la prensa, tal como había prometido al embajador de Estados Unidos durante una de sus reuniones en noviembre de 1945. El periódico La Prensa, que había permanecido cerrado desde mediados de 1944, reapareció finalmente en junio de 1946, después de un año y diez meses de silencio.(82) Como resultado, los periódicos empezaron a publicar con frecuencia agudas críticas a Somoza y su régimen. William Krehm, corresponsal de la revista Time en Centroamérica, comentó esta situación con el presidente, a lo que respondió que el gobierno tomaría las medidas del caso si dichas críticas transgredían los límites de “la decencia cívica y periodística” .(83)

Sin embargo, estas concesiones no implicaban una apertura amplia y verdaderamente democrática por parte del régimen. La campaña electoral y el proceso de votación del año 1947, se desarrollaron bajo condiciones muy propias de la “democracia” nicaragüense, caracterizada por “expresiones y procedimientos diferentes” - tal como indicó Somoza al embajador Warren. Una de estas expresiones peculiares era el control de los mecanismos electorales, que Somoza había modificado a su favor en septiembre de 1945. En efecto, el Congreso aprobó varias reformas a la ley electoral de 1923, y una de éstas dificultaba la inscripción de nuevos partidos políticos, pues se aumentó el número de firmas requeridas de un 5 al 10% de los votos emitidos en la elección precedente. Puesto que el Partido Conservador ya había sido eximido de la necesidad de presentar firmas, tal disposición afectaba directamente a los liberales independientes del PLI, quienes habían iniciado su proceso de organización para participar en las elecciones. Otro reforma a la ley electoral otorgaba al presidente de la República la facultad de nombrar dos de los tres integrantes del Consejo Nacional de Elecciones, potestad que antes correspondía a los dos partidos políticos principales.(84)

La posición del régimen ante la libertad de prensa constituía otra de esas “expresiones diferentes” de la democracia nicaragüense. Pese a la promesa de Somoza de respetar este principio fundamental de la democracia liberal, por lo general, únicamente gozaban de este derecho aquellos grupos y partidos dispuestos a actuar dentro de los límites establecidos por el régimen. Por el contrario, el periódico estudiantil, El Universitario, fue hostigado por la Guardia Nacional desde el momento de su fundación en diciembre de 1945, y en febrero de 1947 el gobierno ordenó su clausura.(85) Asimismo, los liberales independientes enfrentaron muchos obstáculos para hacer uso de los medios de comunicación. En Chinandega, el jefe político prohibió a todas las imprentas producir material para el PLI sin su autorización previa.(86) En contraste, La Prensa publicaba fuertes críticas al gobierno en sus editoriales, sin que Somoza tomara medidas en su contra.(87)

Tal situación sugería que Somoza reconocía la existencia de dos tipos de oposición en Nicaragua. El Partido Conservador representaba la oposición leal, pues sus conflictos con Somoza se derivaban de sus disputas por cuotas de poder y el derecho de representación de la minoría, sin abordar las problemáticas de la sociedad nicaragüense. Es decir, Somoza tenía buenas relaciones con los conservadores porque - pese a sus críticas - no representaban una amenaza a su ya considerable imperio económico, ni atacaban el fundamento original de su poder político: la Guardia Nacional y su nexo con Estados Unidos. A fin de cuentas, los conservadores habían gobernado a Nicaragua durante dieciocho años amparados por la ayuda económica y militar directa de Estados Unidos; además, el gobierno conservador de Adolfo Díaz había aprobado la formación de la Guardia. Por el contrario, la oposición desleal de liberales independientes y estudiantes universitarios ponía en tela de juicio la razón de ser del somocismo, pues descalificaban sus orígenes y prácticas como inmorales e ilegítimas. Sus declaraciones daban a entender que la oposición política a Somoza no debía limitarse a impedir su reelección, sino también a eliminar por completo las instituciones del Estado somocista y sus principales actores.

Las expresiones de oposición política a Somoza fueron obstaculizadas cuando provenían de aquellos grupos identificados con la oposición desleal. Cuando los liberales independientes y los conservadores solicitaron permiso para realizar unos “actos cívicos” el 24 de noviembre de 1946, en celebración de la candidatura presidencial del Dr. Enoc Aguado, apoyada por ambas agrupaciones, el jefe político de Managua rechazó su petición, bajo el pretexto de que la ley electoral de 1923 solamente contemplaba los “actos políticos”. Incluso, el jefe político objetó el término “concentración de masas”, atribuyéndole un origen marxista y subversivo. Ordenó a los solicitantes reformular su documento “en términos sencillos”, lo que se vieron obligados a hacer dos veces más, hasta que se les concedió el permiso a regañadientes, acompañado de la advertencia de mantener a los manifestantes alejados de las guarniciones militares y estaciones de policía.(88)

El movimiento obrero independiente también sintió la hostilidad del régimen. Hacia fines de 1946, la Federación de Trabajadores de Managua solicitó un permiso para reunirse en un cine capitalino, con el fin de analizar los problemas del desempleo y el alto costo de la vida. El jefe político rechazó su petición, argumentando que la Fede-ración no había explicado con suficiente detalle la naturaleza de la reunión propuesta. Además, dijo, sus dirigentes estaban identificados con movimientos políticos que no eran reconocidos por el Estado, refiriéndose al Partido Socialista.(89)

Dentro de este entorno de libertad restringida, Somoza procedió a movilizar al Partido Liberal Nacionalista para la campaña que se avecinaba.

Por supuesto, los liberales no se vieron afectados por las limitaciones a la expresión y participación política que los demás partidos debían soportar. Además, disponían de mucho más recursos que los demás partidos. A comienzos de 1946, su fondo de campaña ascendía a los C$ 1,189,581, procedente, en su mayor parte, de la “contribución” del 5% que se descontaba de los salarios de todos los empleados públicos. Debido a que en 1944 y 1945 se había gastado poco, las contribuciones se habían acumulado en las arcas del partido, para ser utilizadas durante la campaña.(90)

El partido también tenía acceso a los bancos del estado, donde podía solicitar un préstamo o sobregiro.(91) Finalmente, disponía de algunos fondos propios del emporio somocista. En octubre de 1946, Somoza anunció haber aportado CS$ 100,000 para la causa del PLN de su propio bolsillo, e instó a otros liberales seguir su ejemplo. (92) Al parecer, su llamado no se concretó en fuertes donaciones, por lo que el PLN organizó una campaña para recaudar CS$ 1,000,000 a través de empréstitos voluntarios. Se ofreció pagar dichos préstamos mediante sorteos mensuales del 5% que se descontaría de la nómina de los empleados públicos - “siempre y cuando el PLN triunfara en las próximas elecciones”.(93)

Aunque no fue posible recabar información sobre los gastos del PLN durante la campaña electoral de 1946 y 1947, otros documentos nos ofrecen pistas sobre la manera en que el partido procuró alimentar el entusiasmo de los correligionarios para seguir recibiendo su apoyo a la causa somocista. Uno de éstos es el informe enviado por el tesorero del PLN a la Gran Convención de 1946. Según este documento, cerca del 17% de los egresos fueron destinados a ayudar de manera individual a miembros del partido - descritos, según la usanza, como “pobres de solemnidad y buenos liberales”-, y a satisfacer peticiones de ayuda para gastos de funerales; aunque por lo general estas erogaciones representaban cantidades muy pequeñas que oscilaban entre 15 y 30 córdobas, equivalentes a tres y seis dólares al cambio vigente.(94) En todo caso, el número de beneficiarios era demasiado reducido - a lo sumo unos cien al mes - como para incidir en el resultado electoral. Es decir, las prebendas distribuidas por el PLN entre sus seguidores, en términos de empleo público y favores especiales, eran mucho más importantes que las donaciones caritativas distribuidas directamente por el partido. Sin embargo, es concebible que los gastos de propaganda y de organización del plebiscito liberal de octubre de 1945 - que suman más de la mitad de todos los gastos del año - también incluían donativos a individuos, pagos por servicios prestados o la compra de lealtades políticas.

La fuerza del PLN se derivaba, en buena medida, de su solidez financiera; pero no bastaba, por sí sola, para garantizar la afluencia de los votantes a la urnas. Con miras a persuadir a los miembros del partido a participar en la campaña y votar por el PLN, la organización partidista necesitaba crear un clima de urgencia en tomo al proceso electoral de 1947. Como primer paso, el partido convocó a sus miembros a un plebiscito nacional en octubre de 1945 para elegir a sus representantes ante la Gran Convención, programada a celebrarse en enero de 1946. De acuerdo a la dirigencia del partido, unos 76,000 liberales escogieron a 101 delegados ante la convención.(95)

En algunas partes del país, los liberales independientes trataron de interrumpir el plebiscito, repartiendo volantes entre la gente y deteniéndolos mientras se dirigían a los lugares de votación.(96) En otras partes, la organización del PLN se había deteriorado con el paso de los años y la gente se mostraba escéptica de seguir apoyando al partido o a Somoza. (97) También se dieron casos de fuertes pleitos internos entre facciones opuestas dentro del partido para elegir a los representantes a la convención.(98) Sin embargo, los resultados parecen haber sido un indicador bastante preciso del nivel de apoyo político que gozaban los liberales. Además, seguramente proporcionaron información a la dirigencia sobre los lugares que requerían un trabajo político más intenso, con miras a las elecciones de 1947.

Durante la Convención Liberal, Somoza ratificó su decisión de abstenerse de presentar su candidatura a la presidencia, pero tampoco se decidió quien debía sustituirlo. Esta ambigüedad obedecía al interés de Somoza en atraer a los disidentes del PLI de nuevo al seno del partido. Durante la primera mitad de 1946, los representantes de Somoza se reunieron con miembros del PLI para buscar algún tipo de entendimiento, pese a la oposición de algunos dirigentes de ese partido a negociar acuerdos con Somoza.(99) En junio, el PLI decidió romper el diálogo con Somoza, pero éste insistió una vez más en julio, proponiendo como posibles candidatos a Leonardo Argüello e Ildefonso Palma Martínez. Cabe anotar que éste último había sido diputado liberal en 1934, y se opuso al decreto de amnistía en favor de los asesinos de Sandino. De acuerdo a La Prensa, tanto los somocistas como los liberales independientes se inclinaban por apoyar a Palma Martínez, pues a diferencia de Argüello no estaba identificado con el régimen. De hecho, el 10 de julio el PLI aceptó en principio la candidatura de Palma Martínez, aunque siguió expresando su desconfianza con respecto a Somoza.(100)

Sin embargo, durante otra Convención Liberal realizada en León en agosto de 1946, Somoza se las ingenió para que Argüello fuera electo candidato, con 98 de los 101 votos de los delegados.(101)

La escogencia de Argüello como candidato del PLN representó un nuevo intento de Somoza de reconciliarse con algunos de los liberales disidentes. Argüello parecía ser independiente de la influencia de Somoza, pues había renunciado al cargo de ministro de Gobernación a raíz de los días conflictivos de junio y julio de 1944. Además, había figurado como dirigente destacado del partido desde la década de 1910, lo cual podría representarle una ventaja entre los correligionarios más antiguos del partido que no estaban identificados con la causa somocista de manera directa. Finalmente, Somoza lo presentó en la Convención de León como un candidato de conciliación cuando ninguno de los otros dos aspirantes logró una mayoría absoluta entre los delegados. Por otra parte, Argüello podría ser el candidato más “manejable”, dada su avanzada edad y la gratitud que le debería a Somoza como facilitador del cumplimiento del sueño de su vida de llegar a la presidencia.

Gracias, en buena medida, al control de Somoza sobre el PLN, este partido pudo escoger a su candidato para la presidencia sin mayores complicaciones. Por el contrario, la oposición se enfrascó durante todo un año a regatear y negociar condiciones para presentarse como un frente unido ante las fuerzas del gobierno. En vista de las divisiones entre la oposición reflejadas durante los días de crisis política de 1944, era de esperarse que la formación de una coalición antisomocista sería muy difícil. Inicialmente, la salida de los liberales independientes del PLN tampoco contribuyó mucho a fortalecer la oposición, pues el PLI conservó su ideología liberal y procuró alcanzar una solución negociada para resolver sus diferencias con los liberales somocistas.(102) Sin embargo, la oposición se inclinaba a conformar algún tipo de frente unido y escoger un candidato único para disputarle la presidencia al PLN.

Las dos fuerzas opositoras más importantes eran los liberales independientes y los conservadores, aunque el PLI aún no había tenido la oportunidad de demostrar cuántos votos le había restado al PLN cuando abandonó las filas del partido de gobierno. No obstante, los dirigentes del PLI lograron persuadir a los conservadores que su candidato conjunto debía ser liberal, aunque acordaron dar al general Chamorro la última palabra y escoger al candidato de una lista elaborada por el PLI a tal efecto.(103) Chamorro regresó a Nicaragua a fines de julio de 1946, después de diez años de exilio; el siguiente mes, el PLI y los conservadores turnaron un pacto comprometiéndose a luchar juntos para alcanzar la victoria en las elecciones de 1947. Bajo los términos del pacto, se comprometieron, entre otras cosas, a luchar por defender la democracia nicaragüense del peligro de una continuación de la dictadura somocista. Posteriormente, los liberales independientes se reunieron en convención en León para ratificar la escogencia del Dr. Enoc Aguado - un liberal de avanzada edad - como candidato presidencial de ambos partidos.(104) En último término, ambos candidatos de las fuerzas políticas opositoras compartían la ideología liberal, distinguiéndose tan sólo por su apoyo o rechazo a los designios de Anastasio Somoza para Nicaragua.

Las maniobras y regateos políticos, así como el enfrentamiento de dos candidatos de estirpe liberal, provocó la confusión entre el electorado. La presentación de los programas de gobierno de cada candidato tampoco contribuyó a aclarar el panorama. Argüello describió su futuro gobierno en términos de una continuación de las iniciativas de Somoza en el campo del bienestar social, prometiendo un sistema de seguridad social, reforma agraria, controles de precio y apoyo a los sindicatos obreros. Asimismo, propuso la creación de una policía nacional dentro de la Guardia Nacional, para que ésta limitara sus funciones al campo estrictamente militar en defensa de la soberanía nacional. Entre sus muchas promesas dirigidas a todos los sectores sociales, se comprometió a impulsar grandes “campañas de desanalfabetización”.(105)

El programa de gobierno de Aguado no era muy distinto; también se refirió a la necesidad de transformar la Guardia en una fuerza profesional, independiente de los vaivenes políticos del país, además de respetar plenamente todos los derechos políticos e impulsar programas sociales en beneficio de los grupos más pobres de la sociedad. Quizás la única diferencia significativa del programa de Aguado consistía en su plan para descentralizar el poder político mediante el fortalecimiento de los concejos municipales, pero este punto había sido un viejo anhelo de los conservadores, cuando Somoza abolió la autonomía municipal.(106)

El asunto central, por supuesto, era la continuación del somocismo y la figura del propio Somoza, pese a que éste parece haber guardado un perfil bastante bajo durante la campaña electoral. Durante la mayor parte de septiembre y octubre permaneció en Boston, Estados Unidos, recibiendo atención médica para un problema intestinal, y cuando volvió a Managua reiteró su promesa de celebrar elecciones justas y limpias. Sin embargo, ratificó su participación en la lucha contra el comunismo que representaba una nueva amenaza a las repúblicas americanas. Esta preocupación, explicó, no debía interpretarse como un deseo de promover sus ambiciones políticas, sino como muestra de su interés ciudadano por asegurar la continuidad de su obra en pro de la consolidación de la democracia nicaragüense. Concluyó diciendo: “En este empeño estoy seguro que contaré con sectores importantes de la misma oposición, ya sea por motivos religiosos, ya por intereses materiales, ya por un común espíritu de asegurar la organización nítidamente democrática del Estado”.(107) Por lo tanto, resultaba evidente que, en caso de una victoria de Argüello, Somoza permanecería dentro del gobierno o, cuando menos, cerca del presidente. Bajo esta óptica, las elecciones del 1 de febrero de 1947 se convirtieron en un referendo sobre el somocismo; sus resultados indicarían el nivel de desgaste sufrido por la coalición somocista después de una década en el poder.

F. El resultado electoral

Los investigadores interesados en analizar los resultados de las elecciones de 1947 enfrentan un problema fundamental: éstas, por lo general, se consideran las más fraudulentas jamás realizadas bajo el régimen de Somoza García. No obstante, es posible plantear algunas conclusiones tentativas sobre la base del abstencionismo y de los informes de testigos presenciales. En primer lugar, cabe anotar que el padrón electoral fue elaborado el 29 de julio y el 4 de agosto de 1946, arrojando un total de ciudadanos inscritos de 22 1 ,590.(108)

De inmediato, el Partido Conservador denunció que los procedimientos de inscripción estaban viciados, pues los vigilantes de este partido habían sido expulsados de un 80% de las mesas de inscripción. En consecuencia, más de la mitad de los votantes conservadores no pudieron inscribirse, pues no fueron atendidos por los funcionarios electorales.(109) Por su parte, La Prensa estimó que 50,000 individuos habían sido inscritos de manera fraudulenta.(110)

En todo caso, el Consejo Nacional de Elecciones procedió a organizar los comicios con base en sus cifras, que apenas superaron las de 1936, cuando se inscribieron 219,668 ciudadanos.

Apenas cerradas las urnas el propio día de las elecciones, se dejaron oír las denuncias de que se había realizado un fraude en gran escala. Según La Prensa, las listas de electores estaban incorrectas, lo que impidió a muchas personas depositar su voto, pues no encontraron la mesa correspondiente. En otros lugares, el recuento total de los votos fue alterado después de que los vigilantes se vieron expulsados de los recintos.(111) En otras mesas, la Guardia Nacional recogió las urnas y las hizo desaparecer.(112)

Una revisión de los resultados oficiales indica que las irregularidades empezaron desde el inicio del proceso de inscripción de los votantes.

Departamento

1936

1947

Inscritos

Votos

%

Inscritos

Votos

%

Boaco

9,250

4,161

45.0

10,055

7,783

77.4

Carazo

11,189

5,875

52.5

11,647

8,398

72.1

Chinandega

14,974

8,048

53.8

19,499

14,657

75.2

Chontales

20,387

5,605

27.5

13,297

9,829

73.9

Estelí

15,994

6,237

40.0

9,692

7,957

82.1

Granada

11,041

4,836

43.8

11,774

8,936

75.9

Jinotega

8,923

4,435

49.7

8,856

6,276

70.9

León

24,215

12,248

50.6

24,579

19,794

80.5

Madriz

7,081

4,490

63.4

7,354

5,792

78.7

Managua

30,596

13,230

43.2

35,893

28,664

79.9

Masaya

14,998

6,900

46.0

14,176

11,504

81.2

Matagalpa

22,008

12,778

58.1

23,193

16,703

72.0

Nva. Segovia

4,765

3,202

67.2

5,472

4,348

79.5

Rivas

8,797

4,139

47.1

8,941

6,912

77.3

Zelaya

15,450

13,235

85.7

17,162

12,515

72.9

Totales

219,668

109,419

49.8

221,590

169,708

76.6

Fuente: Los datos de 1936 han sido tomados de Consejo Nacional de Elecciones, La verdad electoral de 1936 (Managua: Talleres Nacionales, 1937), y Recaudación General de Aduanas, Memoria para 1932. Los datos correspondientes a 1947 son de LG/DO 51,50 (6 de marzo de 1947) al 51,58 (15 de marzo de 1947)

En algunos departamentos, el número de votantes inscritos fue muy inferior a las cifras obtenidas en 1936. En Chontales, por ejemplo, la inscripción bajó casi un 35% en relación a 1936, pese a que el predominio conservador en ese departamento hacía esperar un mayor número de inscritos. La reducción de inscritos en casi un 40% en el departamento de Estelí también parece excesivo. En la mayoría de los otros departamentos, el incremento en el número de inscritos entre 1936 y 1947 fue mínimo. Entre los departamentos tradicionalmente liberales, sólo Chinandega y Managua reflejaron un incremento significativo en el registro de votantes. A nivel nacional, el incremento de votantes inscritos en relación a 1936 no llegó a 2,000, lo que sugiere un esfuerzo deliberado por limitar al máximo la inscripción de votantes de la oposición, mientras se promovía la inscripción de liberales simpatizantes con la causa somocista.

Al margen de la existencia de un fraude en gran escala, los resultados no fueron alentadores para Argüello y Somoza. La alianza PLN-Conservadores Nacionalistas recibió casi 5,000 votos menos que en 1936.

Resultados electorales en 1936 y 1947

Departamento

1936 PLN-Cons.

1947

PLN-Cons.

%

PLI-Cons.

%

Boaco

4,160

4,160

50.3

3,867

49.7

Carazo

5,868

4,703

56.0

3,695

44.0

Chinandega

8,046

10,674

72.8

3,983

27.2

Chontales

5,605

4,979

50.2

4,950

49.8

Estelí

6,223

5,105

67.2

2,492

32.8

Granada

4,835

5,036

56.4

3,900

43.6

Jinotega

4,435

4,658

74.2

1,618

25.8

León

12,239

14,838

75.0

4,956

15.4

Madriz

4,490

4,902

84.6

890

50.9

Managua

12,764

14,076

49.1

14,588

46.1

Masaya

6,871

6,227

53.9

5,331

36.7

Matagalpa

12,764

10,568

63.3

6,135

31.3

Nva. Segovia

3,202

2,988

68.7

1,360

50.3

Rivas

4,067

3,437

49.7

3,475

29.3

Zelaya

13,221

8,851

70.7

3,664

38.2

Totales

109,230

104,958

61.8

64,904

76.6

Fuente: La información correspondiente a 1936 es de Consejo Nacional de Elecciones, La verdad electoral de 1936 (Managua: Talleres Nacionales, 1937), y Recaudación General de Aduanas, Memoria para 1932. Los datos de 1947 son de LG/DO 51,50 (6 de marzo de 1947) al 51,58 (15 de marzo de 1947).

En nueve de los quince departamentos, recibió menos votos que en 1936, y apenas logró mantener su caudal en cuatro otros. Sólo en Chinandega y León, tradicionalmente liberales, pudo el PLN aumentar su votación por un poco más de 2,500 sufragios en cada caso. Por otra parte, la coalición PLI-Conservadores ganó las elecciones por estrecho margen en Managua y Rivas; además, estuvo a punto de ganar en Chontales y Boaco. Todos estos departamentos, con la excepción de Managua, eran bastiones del Partido Conservador.

¿Cómo podrían estimarse los niveles de fraude? No es preciso suponer que los resultados electorales de la alianza liberal-conservadora nacionalista hayan sido inflados. Durante el proceso de inscripción desarrollado en 1946, los liberales lograron incorporar al padrón a más de 136,000 votantes bajo el membrete de su partido.(113)

Además, en vista del descenso en el número de votos emitidos a favor de la coalición liberal-conservadora nacionalista - en relación a los resultados de 1936 - se puede concluir que los resultados no fueron manipulados mucho en ese aspecto. Con toda probabilidad, los efectos del fraude se hicieron sentir sobre todo en el número de votantes de la oposición, aunque los resultados emitidos por la oposición daban a los liberales-conservadores nacionalistas apenas 37,532 votos contra 107,591 a favor de Aguado, y este resultado parece tan exagerado como el ofrecido por el gobierno.(114)

Obviamente, el régimen sufrió un deterioro de su fuerza política en lo que se refiere al electorado. El cisma de los liberales independientes debe haber restado un buen número de votos al PLN, y el movimiento obrero, dividido entre somocistas y antisomocistas, no estaba en condiciones de darle mayor apoyo a Argüello.(115)

Sin embargo, el deterioro del apoyo electoral hacia el régimen no debe interpretarse como una pérdida real de poder político. La Guardia Nacional permanecía leal a su jefe director, aunque algunos oficiales se mostraban preocupados por el continuismo somocista y abandonarían a Somoza durante la efímera presidencia de Argüello. La comunidad de empresarios, a la cual Somoza, por lo general, había apoyado desde que impulsó las reformas bancarias y monetarias de comienzos de la década de 1940, había salido fortalecida de los años de la Guerra Mundial, como resultado del aumento en la demanda de productos de exportación destinados al mercado de Estados Unidos.

De vez en cuando se escuchaban algunas críticas en tomo a la política crediticia restrictiva del Banco Nacional, y a los problemas burocráticos asociados con las solicitudes de divisas destinados al pago de las importaciones.(116) En cierto momento, el Banco Nacional fue objeto de numerosas críticas por su negligencia en aplicar todas las recomendaciones del Dr. Max, especialmente aquellas relacionada con el nombramiento de personas competentes en los cargos claves, y la eliminación de las influencias políticas en las operaciones del Banco.(117)

Esta última era probablemente una referencia velada al control que ejercía Somoza sobre las operaciones de crédito del Banco, algo que los empresarios asociados con el PLI denunciaban con especial vehemencia. Pero si bien es cierto que algunos empresarios se mostraban críticos del gobierno de Somoza y de su creciente imperio económico, se limitaban a expresar sus opiniones en privado; a nivel público, las gremiales empresariales a lo sumo sugerían la introducción de mejoras en las operaciones del sistema económico.(118)

En términos generales, la reacción ante los resultados electorales y la victoria de Argüello fue bastante limitada. En León, un grupo de dirigentes del PLI y del Partido Conservador lanzaron un volante en el cual acusaban a Somoza de “tomarse las urnas por la fuerza”, lo que invalidaba la elección de Argüello. Aseguraron que Aguado había recibido el 95% de los votos emitidos y que Argüello no era más que un representante de la dictadura. Por tanto, la lucha por la democracia apenas empezaba y no se detendría hasta lograr la libertad.(119)

En Masatepe, un pequeño pueblo rodeado de cafetales al sureste de Managua, unos doscientos opositores amenazaron con interrumpir una celebración de argüellistas; chocaron con un contingente de guardias, uno de los cuales perdió su fusil en la trifulca mientras que otros fueron apedreados. Más tarde, el grupo insistió en insultar a las patrullas de la Guardia, gritándoles “hijos de la gran puta” mientras lanzaban vivas al general Chamorro. (120)

Sin embargo, estas limitadas expresiones de descontento fueron insignificantes en comparación a los problemas que el propio Argüello habría de causar al régimen somocista. Entre el 1 de febrero, fecha de su triunfo electoral, y su toma de posesión el 1 de mayo de 1947, el presidente electo se reunió con diversos grupos políticos,

laborales y empresariales, así como con oficiales de la Guardia Nacional, para escuchar sus opiniones y sugerencias acerca de la política del nuevo gobierno. En el discurso que pronunció ante el Congreso, en ocasión de asumir la presidencia, transmitió su propósito de encabezar un gobierno de distinta naturaleza y contenido en relación al pasado. Procuraría eliminar los abusos cometidos por los gobiernos anteriores - aseguró - erradicando los intereses particulares que habían desplazado el espíritu de servicio al público dentro de la burocracia estatal. Aunque reconoció las significativas mejoras en infraestructura y servicios sociales impulsadas por el gobierno de Somoza, observó la necesidad de hacer mayores esfuerzos en los campos de la educación y la alfabetización.(121) En términos generales, Argüello presentó un programa convencional de gobierno liberal, y con mucho tacto acusó a Somoza de apartarse de los verdaderos principios liberales.

Una vez instalado en la oficina presidencial, Argüello procedió a efectuar cambios en los altos cargos del gobierno, con el propósito de socavar el control de Somoza sobre la burocracia y la Guardia Nacional. Giró órdenes de cerrar de inmediato todos los sitios de juegos prohibidos, tales como loterías y casinos, afectando con ello a un número de empleados públicos y oficiales de la Guardia que se lucraban de estas actividades. El gerente general del Ferrocarril del Pacífico - un antiguo cómplice de Somoza que facilitaba a sus empresas el uso de los talleres y los materiales del ferrocarril - fue reemplazado por un estadounidense con experiencia en el ramo.(122)

Asimismo, Argüello se propuso desmilitarizar los servicios públicos que Somoza había puesto bajo control de la Guardia durante los años de la guerra, tales como los programas de salud pública, las aduanas, la red de comunicaciones y el propio ferrocarril. Por el contrario, a Somoza le convenía mantener aquella situación, pues le permitía extender su autoridad directa más allá de la esfera de la jefatura de la Guardia Nacional.(123)

Sin embargo, la pieza más importante en el tablero del poder era la propia Guardia Nacional. Argüello sabía bien que la influencia de Somoza no se vería menguada si retenía su cargo como jefe director de la Guardia Nacional. Antes de asumir la presidencia, Argüello parece haber llegado a un acuerdo con Somoza en el sentido de que se abstendría de efectuar cambios en la oficialidad.(124)

Mientras tanto, Somoza se esforzó por destacar su posición dentro de la Guardia; la tropa y los oficiales le ofrecieron homenajes acompañados de discursos y banquetes, y se comprometieron a seguirle hasta el final.(125)

La ruptura entre ambos se produjo cuando el Congreso, todavía bajo el firme control de Somoza, procedió a nombrar a los tres designados a la presidencia, entre los que se escogería al encargado de reemplazar al presidente en caso de que éste dejara el cargo. Como era de esperarse, los tres seleccionados eran somocistas. Argüello, por su parte, procedió a destituir al director general de comunicaciones, al jefe de policía de Managua, al inspector general del ejército, al jefe del estado mayor y al comandante de la guardia presidencial. Luego, los reemplazó con personas que le eran leales, violando así el acuerdo pactado con Somoza sobre la remoción de oficiales de la Guardia.(126)

El 25 de mayo, Argüello notificó a Somoza que debía abandonar el país, después de lo cual anunciaría su renuncia como jefe director de la Guardia. Somoza aparentó aceptar la orden presidencial, pero pidió unos días para arreglar sus asuntos personales, tiempo que aprovechó para organizar el derrocamiento de Argüello. El 26 de mayo la Guardia Nacional tomó control del Palacio Nacional y de las instalaciones militares del Campo de Marte y cortó las comunicaciones con la casa presidencial. Argüello se negó a renunciar a la presidencia, pero eventualmente aceptó trasladarse a la embajada mexicana en calidad de exiliado. Se llevó consigo los sellos y la banda presidencial, insistiendo hasta el último momento en que seguía siendo el presidente de la República.(127)

Una semana después del golpe, el Congreso se reunió y acordó destituir a Argüello, aduciendo que había demostrado incapacidad para ejercer el cargo de presidente. Además, se le acusó de negarse a ratificar a los designados a la presidencia y provocar divisiones dentro de la Guardia Nacional que amenazaban su unidad y disciplina.(128)

En sustitución de Argüello, el Congreso escogió a Benjamín Lacayo Sacasa, un títere de Somoza. Aunque las razones y las circunstancias eran diferentes, los hechos de 1947 se asemejaban a los de la coyuntura de 1936, cuando Somoza expulsó a Sacasa de la presidencia. Al mantener el control del aparato coercitivo del Estado, Somoza impuso sus propias reglas del juego y siguió actuando con ventaja.

G. Conclusión

El problema fundamental enfrentado por el régimen de Somoza en 1944 estaba relacionado con el agotamiento del consenso construido a raíz del derrocamiento de Sacasa en 1936. Por primera vez, la oposición se manifestó en las calles de Nicaragua, y la legitimidad misma del Estado se vio cuestionada. Sin embargo, las manifestaciones de protesta no deben interpretarse como un rechazo a la organización fundamental del Estado, sino más bien al régimen somocista. Es decir, las críticas externadas por los liberales disidentes y algunos conservadores no contemplaban la abolición de algunas de las instituciones más importantes del Estado, tales como la Guardia Nacional, los bancos nacionales, el ferrocarril, o el sistema político bipartidista. Por otra parte, quienes apoyaban al gobierno lo hacían por lealtad partidista o porque buscaban que Somoza les hiciera concesiones específicas, como en el caso del movimiento sindical. La crisis de 1944 pudo haber sido más grave si la oposición al régimen se hubiera conjugado con un rechazo a la organización fundamental del Estado.

Además, el derrumbe del consenso político fue limitado. Las protestas de 1944 surgieron de manera espontánea y su organización fue apresurada, e involucró sobre todo a grupos urbanos dirigidos por políticos y activistas de clase media, con escaso contacto con las masas. Aparte del derrocamiento de Somoza, el movimiento opositor nunca hizo promesas concretas, pues su discurso giró alrededor de los conceptos abstractos de “democracia” y “libertad”. El propio Somoza había empleado estos conceptos para identificar a su gobierno con la lucha contra el fascismo y el totalitarismo. La diferencia entre Somoza y la oposición nunca quedó muy clara para las personas que observaban el conflicto. Incluso, los dirigentes sindicales que se esforzaban por mejorar la condición de la clase obrera, percibían a Somoza como un dirigente progresista; por el contrario, calificaban a sus oponentes de reaccionarios y oligárquicos.

El régimen enfrentó a la oposición empleando dos estrategias muy sencillas. En primer lugar, ejecutó medidas represivas para marcar los límites de la oposición tolerable, utilizando a los soldados y grupos de choque para controlar las manifestaciones callejeras, así

como medidas administrativas para limitar la libertad de expresión. De esta manera, dejó en claro su voluntad de actuar de manera drástica, mientras circunscribía sus medidas represivas a niveles comparables con las amenazas enfrentadas por el régimen. De esta manera, Somoza pudo jactarse de haber sofocado los incidentes sin derramamiento de sangre, y de haber puesto en libertad a los capturados en cuestión de horas, a excepción de unos pocos que fueron confinados y exiliados.

En segundo lugar, el régimen inició una política de largo plazo, extendiendo la mano a simpatizantes y opositores con miras a reconstruir el consenso de la década anterior. Ofreció a la oposición conservadora la oportunidad de medir sus fuerzas con los liberales somocistas, en un proceso electoral que se perfilaba lo bastante limpio como para atraer la participación de sus oponentes. Incluso los liberales disidentes del PLI aceptaron el reto, demostrando suficiente fuerza y convicción como para imponer a uno de los suyos, Enoc Aguado, como candidato único de la oposición. El movimiento sindical, un extraño híbrido de tendencias marxistas y somocistas, aceptó la promesa de un código de trabajo como muestra de buena fe y de oportunidades potenciales en el futuro.

El PLN, provisto de abundantes fondos y fortalecido por una reorganización reciente, estaba en condiciones de movilizar a sus votantes; además, al seleccionar a un candidato presidencial proveniente de la vieja guardia del partido, los liberales esperaban recuperar parte del terreno que habían perdido a raíz de la escisión del PLI. Finalmente, Somoza se vio obligado a reconciliar su propia posición dentro del sistema político nicaragüense frente a Estados Unidos, su más antiguo y poderoso promotor. Su actitud aduladora y servil frente al embajador de Washington no debe interpretarse necesariamente como muestra de temor o debilidad; simplemente reflejaba su aceptación del enonne poder ostentado por el representante de Estados Unidos, un poder al que era peligroso contrariar pero del cual se podrían extraer algunas concesiones. Somoza pudo ganar tiempo pues sabía que a Estados Unidos le preocupaba más las posibilidades de un colapso político en Nicaragua que su propia permanencia al frente del gobierno.

Por tanto, en última instancia, ningún grupo opositor llegó al extremo de pedir la renuncia de Somoza a la presidencia antes del término de su mandato, como condición para negociar un acuerdo político. Somoza pudo descartar sus ambiciones continuistas sin debilitar su propia posición política cuando los conservadores y liberales independientes aceptaron la opción electoral, los medios de comunicación de sus opositores - sobre todo La Prensa - fueron rehabilitados, el movimiento obrero recibió el Código de Trabajo, y Estados Unidos se convenció de que la permanencia de Somoza en la presidencia hasta el fin de su mandato en 1947 no afectaría la estabilidad de Nicaragua.

Algunos observadores pudieron haber interpretado la coyuntura desde otra óptica, creyendo que Somoza había sido puesto a la defensiva por los hechos de junio y julio de 1944, y que el retiro de su candidatura para otro período presidencial reflejaba una sensible disminución de la fortaleza de su régimen. Sin embargo, la oposición de conservadores y liberales independientes fue incapaz de revertir los resultados electorales fraudulentos de 1947. El presidente Argüello no pudo subvertir el control ejercido por Somoza sobre el Partido Liberal y la Guardia Nacional sin provocar su propio derrocamiento. Somoza ya no era presidente, pero nunca dejó de dirigir la Guardia Nacional y el Partido Liberal o de controlar el aparato del Estado a través de estas instituciones.

CITAS Y NOTAS

1.     Por ejemplo, unos 37905 liberales se congregaron en el 2 de febrero de 1944 (bajo la dirección del alcalde) para celebrar el cumpleaños de Somoza y proclamarlo como candidato para un nuevo período presidencial. Caja 75, AN. En San Rafael del Sur, casi 600 habitantes hicieron lo mismo el 26 de marzo de 1944. Caja 247, fólder “jefaturas políticas y alcaldías”, AN. Un número considerable de las “firmas” en estas proclamas parecen haber sido escritas por la misma mano, lo cual sugiere que los analfabetas pedían a otros que incluyeran su nombres o que los nombres eran inventados.

2.       La Prensa, 24 de junio de 1944.

3.       La Prensa, 20 y 26 de abril de 1944.

4.       Secretary of State to Certain Diplomatic Representatives in the American Republics, 2 de febrero de 1944, FRUS, 1944, 7:1391-1392.

5.       La Prensa, 4 de mayo de 1944.

6.       U.S. Department of Commerce, Country Economic Reviews, “Nicaragua,” vo. 3, no. 33 (agosto de 1946): 2.

7.       La Prensa, 29 de junio de 19444.

8.       Fondo Salvadora de Somoza, no. 3, AN.

9.       La Prensa, 30 de junio de 1944.

10.     La Prensa, 29 de juInio de 1944.

11.     La Prensa, 1 de julio de 1944.

12.     La Prensa, 2 de julio de 1944.

13.     La Prensa, 4 de julio de 1944.

14.     Gerónimo Ramírez Brown a ASG, Managua, 3 de julio de 1944, Fondo Salvadora de Somoza, no. 3, AN.

15.     Un memorando interno enviado a Somoza por un asesor con fecha del 3 de julio de 1944 expresa la necesidad de sacar a los seguidores de Somoza a la calle para demostrarle a Estados Unidos que la mayoría de nicaragüenses seguían respaldando al régimen; esto sería “absolutamente indispensable” para que Roosevelt siguiera dando su “apoyo” a Somoza. Fondo Salvadora de Somoza, no. 8, AN.

16.     La Prensa, 5 de julio de 1944.

17.     Fondo Salvadora de Somoza, no. 8, AN.

18.     SG a jefes políticos de Boaco y Chontales, Managua, 12 de julio de 1944, caja 258, AN.

19      .La Prensa, 6 de julio de 1944; una copia de la declaración se encuentra en Fondo Salvadora de Somoza, no. 8, AN.

20.     La Prensa, 6 y 11 de julio de 1944. Argüello había sido ministro de Gobernación desde noviembre de 1940. Se había opuesto a las ambiciones políticas de Somoza en 1936; en 1944 seguía sosteniendo los principios liberales de democracia constitucional que resultaban reñidos con las ambiciones de Somoza y con su propia participación en un gobierno somocista. Su carta de renuncia puede verse en Fondo Salvadora de Somoza, no. 6, AN.

21      .La Prensa, 11 de julio de 1944.

22.     La Prensa, 7 de julio de 1944; carta abierta de los estudiantes universitarios a ASG, León, 11 de julio de 1944, Fondo Salvadora de Somoza, no. 3, AN.

23.     La Prensa, 15 de julio de 1944.

24.     La Prensa, 4 de agosto de 1944.

25.     Edgardo Buitrago, entrevista con el autor, León, 23 de marzo de 1984. Buitrago fue diputado conservador en la década de 1950 quien se reunió con Somoza en varias ocasiones por razones políticas.

26.     Paso a paso, no. 5,23-30 de noviembre de 1984. En su momento, este fue el periódico oficial del PLI. En el número que se cita, Alejandro Zúñiga Castillo, uno de los fundadores del partido, escribe una breve historia del PLI. Un documento interno del partido titulado “Breve historia del Partido Liberal Independiente” (mimeo, sin fecha) ubica los orígenes del PLI en Sandino, a quien describe como “el más sólido y firme baluarte del Ideario Liberal Independiente.”

27.     Enrique Espinoza Sotomayor, entrevista con el autor, Managua, 11 de marzo de 1985. Espinoza fue uno de los miembros fundadores del Grupo Democrático Nicaragüense y del PLI.

28.     Cordero Reyes, Castro Wassmer y Pasos, Nicaragua bajo el régimen de Somoza, pp. 4-11 (la cita es de la página 8).

29.     Ibid., pp. 13-14.

30.     Espinoza Sotomayor, entrevista con el autor, Managua, 11 de marzo de 1985.

31.     Varios volantes distribuidos por el PLI durante junio y julio de 1944 pueden verse en Fondo Salvadora de Somoza, no. 8, AN.

32.     La Prensa, 18 de julio de 1944.

33.     De los catorce fundadores del PLI, doce eran abogados o médicos. Paso a paso, no. 5,23-30 de noviembre de 1984. Algunos de los fundadores del PLI vislumbraban un estado más activo e intervencionista, tal como lo describieron en un manifiesto (nunca publicado) de 1937 escrito por Espinoza Sotomayor, Salvador Buitrago Ajá, Alejandro Zúñiga Castillo y cinco más. Insistieron en la necesidad de un gran esfuerzo educacional bajo dirección estatal, una reforma del sistema impositivo para tomarlo más progresivo, una reforma agraria en tiernas del estado, legislación laboral e industrialización nacional. También eran partidarios de la eugenesia según los “métodos más recientes”. Espinoza Sotomayor, Partidos políticos, pp. 112-116; este escrito es la tesis de Espinoza para optar al título en derecho.

34.     La Prensa, 29 de junio de 1944.

35.     La Prensa, 5 de julio de 1944.

36.     Chamorro no hace mención alguna de los acontecimientos de 1944 en su autobiografía.

37.     Gould, ‘“For an Organized Nicaragua’: Somoza and the Labour Movement, 1944-1948,” especialmente pp. 358-360. Un memorándum sin fecha de un tal Manuel Mendoza a ASG describe una propuesta para ganarse el apoyo de la clase obrera mediante el nombramiento de dirigentes somocistas en los cargos de dirección de los sindicatos. Como resultado, dice Mendoza, “el movimiento obrero actuará con moderación en sus indispensables y avanzadas demandas socialistas”. Fondo Salvadora de Somoza, no. 8, AN.

38.     Fondo Salvadora de Somoza, no. 6, AN.

39.     La Prensa, 28 de mayo de 1944.

40.     Gould mantiene que la respuesta favorable del movimiento obrero ante las promesas de Somoza “solo se explica dentro del contexto de un movimiento obrero joven y potencialmente dinámico, debilitado por las divisiones internas, constantemente acosado por los patronos y seriamente amenazado por un posible asalto al poder por parte de la derecha política”. Gould, ‘“For an Organized Nicaragua’: Somoza and the Labour Movement, 1944-1948,”’ pp. 360-361.

41.     Fondo Salvadora de Somoza, no. 8, AN. Este volante en particular está firmado por los sindicatos de zapateros, tipógrafos, electricistas, albañiles, carpinteros, aurigas y choferes.

42.     Una copia de este volante me fue proporcionado por Jeff Gould, quien lo encontró en los Archivos Nacionales de Estados Unidos en Washington.

43.     “Manifiesto a la Nación del Partido Socialista de Nicaragua,” Colección Centroamericana, legajo 4, no. 638, IHCA.

44.     “No estamos con los agitadores del orden público,” Colección Centroamericana, legajo 4, no. 583, IE1CA.

45.     “Seis verdades sobre el Presidente Somoza, “ Fondo Salvadora de Somoza, no. 6, AN.

46.     J. David Zamora a ASG, Jinotega, 6 de julio de 1944, caja 267, folder “listas del Partido Liberal,” AN.

47.     Fondo Salvadora de Somoza, no. 3, AN.

48.     Teniente Alfonso J. Borgen a ASG, Chichigalpa, 5 de julio de 1944, caja 262, AN.

49.     Pueden verse varios pronunciamientos en apoyo a Somoza redactados por los empleados del ferrocarril y del servicio de telégrafos en caja 248, AN.

50.     Conferencia de prensa tal como informó La Prensa, 10 de junio de 1944.

51      .La Prensa, 5 de agosto de 1944. El ministro de Gobernación ya les había escrito el 28 de julio de 1944 a todos los dueños de periódicos insistiéndoles que sus reportajes debían apegarse a “la realidad”. Subrayó que la crítica a la Guardia Nacional, en particular, ya no sería tolerada porque dicha institución se encontraba “por encima de los intereses políticos” como garante de las instituciones y la paz de la República. La Prensa, 29 de julio de 1944.

52.     La Prensa, 8 de agosto de 1944.

53.     Nicaragua, Ley sobre la libertad de emisión y difusión del pensamiento, LG/DO 48,188 (7 de septiembre de 1944).

54.     LG/DO 49,19 (27 de enero de 1945); 49,42 (23 de febrero de 1945).

55.     El Código de Trabajo de 1945 se mantuvo vigente hasta entrada la década de 1990.

56.     Nicaragua, Código de Trabajo, LG/DO 49,23 (1 de febrero de 1945), artículos 193,198-99,203-4.

57.     Ibid., artículos 222-29.

58.     Ibid., artículos 251-64, 302-13.

59.     Gould, ‘“For an Organized Nicaragua’: Somoza and the Labour Movement, 1944-1948,” pp. 367-379.

60.     Nicaragua, Secretaría de Agricultura y Trabajo, Memoria de 1944, p. 133, y de 1945, p. 9. La Memoria de 1945 dice que se habían inscrito más de 100 sindicatos durante el año, pero un análisis de LG/DO indica que el total anduvo por 97.

61.     De acuerdo a Jeff Gould, el total de obreros organizados a mediados de 1945 era de más de 17,000 en 100 sindicatos; éstos representaban a más del 50% de todos los trabajadores de minas, transporte y fábricas y alrededor del 25% de toda la población económicamente activa fuera de la agricultura. La cifra de Gould es cuatro veces más grande que la oficial. Si sus datos y sus fuentes son confiables, y no tengo porque dudarlo, probablemente incluyan a todos los sindicatos y sus miembros - ya sea los inscritos en el Ministerio de Agricultura y Trabajo o los que operaban independientemente. Véase Gould, ‘“For an Organized Nicaragua’: Somoza and the Labour Movement, 1944-1948,” p. 364.

62.     Una análisis completo de las relaciones del régimen somocista con el movimiento obrero durante 1944-45 puede encontrarse en Gould, ‘“For an Organized Nicaragua’: Somoza and the Labour Movement, 1944-1948,” pp. 358-379.

63.     ASG a la Federación de Trabajadores de Managua, Managua, 26 de abril de 1946, caja 320, folder “organizaciones obreras 1946”, AN.

64.     Gould, “‘For an Organized Nicaragua’: Somoza and the Labour Movement, 1944-1948,” pp. 378-379. Información adicional sobre este conflicto laboral se encuentra en la caja 320, folder “organizaciones obreras 1946,” AN.

65.     Elite, no. 53 (enero de 1945); caja 295, folder “discursos pronunciados por amigos del señor Presidente,” AN.

66.     Estas “actas de adhesión y proclamación” pueden ubicarse en las siguientes cajas del Archivo Nacional: 281,282,285, 286,294 y 296.

67.     Manuel Urbina B., jefe político de Granada, al teniente Francisco Aguirre Baca (Granada, 27 de julio de 1945); mayor L. Delgadillo, comandante departamental de Jinotega, al teniente Francisco Aguirre Baca (Jinotega, 27 de julio de 1945); L. Altara a varios grupos en Estelí (julio de 1945), caja 295, folder “telegramas varios,” AN.

68.     Rockefeller resumió esta conversación en una carta que envió al Embajador de Estados Unidos en Managua, Secretario de Estado en funciones (Rockefeller) al Embajador en Nicaragua (Warren), 7de agosto de 1945, FRUS, 1945,9:1215.

69.     Memorando de la conversación del Embajador en Nicaragua (Warren), 10 de agosto de 1945, FRUS, 1945,9:1215.

70.     Embajador en Nicaragua (Warren) al Secretario de Estado, 29 de agosto de 1945, FRUS, 1945, 9:1217.

71.     Embajador en Nicaragua (Warren) al Secretario de Estado, 22 de octubre de 1945, FRUS, 1945,9:1219.

72      .Ibid.

73.     Embajador en Nicaragua (Warren) al Secretario de Estado, 9 de noviembre de 1945, FRUS, 1945,9:1221.

74.     Embajador en Nicaragua (Warren) al Secretario de Estado, 15 de noviembre de 1945, FRUS, 1945,9:1222.

75.     Secretario de Estado al Embajador en Nicaragua (Warren), 23 de noviembre de 1945, FRUS, 1945,9:1222-23.

76.     Embajador en Nicaragua (Warren) al Secretario de Estado, 29 de noviembre de 1945, FRUS, 1945,9:1225-28.

77.     Embajador en Nicaragua (Warren) al Secretario de Estado, 1 de diciembre de 1945, FRUS, 1945,9:1228-29.

78.     Memorando de conversación, del Jefe de la División de Asuntos del Caribe y América Central (Cochran), 17 de diciembre de 1945, FRUS, 1945, 9:1229-30.

79.     Millett, Guardians of the Dynasty, pp. 206-7.

80.     Nicaragua, Decreto reconociendo a los dos partidos políticos principales, LG/DO 49,175 (22 de agosto de 1945).

81.     Nicaragua, Decreto levantando suspensión de garantías constitucionales decretada en 1941, LG/DO 49,255 (30 de noviembre de 1945).

82.     Embajador en Nicaragua (Warren) a Secretario de Estado, 30 de noviembre de 1945, FRUS, 1945,9:1221 ■, La Prensa, 11 de junio de 1946.

83.     ASG a William Krehm,27 de septiembre de 1945, caja 294, AN.

84.     Nicaragua, Reforma a la ley electoral de 1923, LG/DO 49,216 (11 de octubre de 1945).

85.     Pueden verse una serie de artículos de Eduardo Pérez Valle publicados en El Nuevo Diario, 19-22 de diciembre de 1982. Pérez Valle era estudiante universitario a mediados de la década de 1940 y fungió como director de El Universitario, un semanario que criticaba a Somoza y ensalzaba a Sandino en cuanta oportunidad se presentaba. El Universitario finalmente dejó de publicarse cuando el gobierno prohibió que las imprentas recibieran su material. Entrevista del autor con Eduardo Pérez Valle, Managua, 13 de junio de 1984. El gobierno trató de clausurar El Universitario en marzo de 1946 amparado por la prohibición jurídica de publicar “propaganda subversiva,” en este caso la “doctrina del sandinismo,” que el gobierno equiparaba con el comunismo. Carlos A. Morales, ministro de

Gobernación, a la Corte Suprema, Managua, 9 de marzo de 1946, Fondo Salvadora de Somoza, no. 6, AN. La Corte Suprema, sin embargo, falló a favor de El Universitario, el cual siguió publicándose durante un año más.

86.     Ernesto Pereira aASG, Chinandega, 6 de septiembre de 1945, caja 287, folder “Jefatura Política de Chinandega,” AN.

87.     La Prensa criticó a Somoza por tratar de imponer a su sucesor por decreto, y por utilizar al gobierno de Nicaragua para su propio peculio, al grado de que estaría dispuesto a aliarse con los comunistas para conservar el poder. “La opulencia epulónica del gobernante es un constante insulto a la miseria del pueblo nicaragüense,” La Prensa, 13 de junio y 18 de diciembre de 1946.

88.     Carlos Pasos y Salvador Buitrago Díaz al mayor Ambrosio Parodi y Alfredo Castillo, Managua, 7, 14 y 20 de noviembre de 1946; y Alfredo Castillo a Carlos Pasos y Salvador Buitrago Díaz, Managua, 12,19 y 20 de noviembre de 1946, caja 317, AN.

89.     Manuel Pérez Estrada y Edmundo Leets C. al mayor Ambrosio Parodi, Managua, 7 de noviembre de 1946; y Alfredo Castillo a Manuel Pérez Estrada, Managua, 12 de noviembre de 1946, caja 317, AN.

90.     Partido Liberal Nacionalista, “Informe que rinde la Junta Directiva Nacional y Legal del PLN a la Gran Convención,” León, 20de enero de 1946,pp. 1 1-13,caja336,folder “juntas directivas del PLN,” AN.

91.     El 31 de octubre de 1945, Somoza García, en su calidad de presidente de la Junta Directiva Nacional y Legal del PLN, escribió al Banco Nacional solicitando un sobregiro por C$ 180,000, que sería pagado en seis meses con los fondos provenientes de la contribución del 5% de los salarios de los empleados públicos. Hasta le propuso al Banco que se descontara la suma directamente del cheque de pago de cada empleado. Caja 321, folder “Banco Nacional de Nicaragua, 1946,”AN.

92.     La Prensa, 26 de octubre de 1946. La contribución de Somoza al fondo del partido bien podría entenderse como una inversión productiva.

93.     José M. Zelaya, secretario de la Junta Directiva Nacional y Legal del PLN, a ASG, Managua, 19 de diciembre de 1946, caja 336, folder “juntas directivas del PLN,” AN.

94.     Informe del tesorero del PLN, Camilo López Mas, a ASG, presidente nacional del PLN, Managua, 18 de enero de 1946, caja 336, folder “juntas directivas del PLN,”AN. Pueden consultarse también los informes financieros mensuales en AN: Fondo Salvadora de Somoza, no. 8; caja 267, folder “listas del Partido Liberal;” y caja 310.

95.     Partido Liberal Nacionalista, “Informe que rinde la Junta Directiva,” pp. 8-10.

96.     Carmen Noguera, jefe político del departamento de Jinotega, a ASG, Jinotega, 22 de octubre de 1945, caja 282, AN.

97.     Edmundo Rostrán B. a ASG, Managua, 1 de agosto de 1945, caja 310, AN. Rostrán había estado en la zona de Bluefields, donde observó mucha corrupción y malos tratos hacia la población por parte de los oficiales de la Guardia Nacional. En el importante distrito minero de Siuna, solamente 170 personas se habían hecho presentes para proclamar la candidatura de Somoza el 29 de julio de 1945, entre una población adulta en el distrito que superaba los 4,000.

98.     Marco Tulio Martínez, secretario de la Comisión Departamental Electoral de Chontales, aASG, Juigalpa, 30 de octubre de 1945, caja 286, AN. En el distrito de Acoyapa en Chontales, los resultados obtenidos por cada facción reflejan claramente la importancia del dominio de los caudillos; allí los ganadores en cada mesa se llevaban la totalidad de los votos.

99.     Carlos Castro Wassmer,.1el caudillo del PLI e mandó a repartir un volante en el cual anunciaba su retorno del exilio y su completa desconfianza en Somoza. Todos los ofrecimientos de Somoza no eran sino argucias para ganar tiempo, dijo; la verdadera solución tendría que comenzar con la renuncia de Somoza y la formación de un nuevo gobierno que estaría en capacidad de garantizar una elección libre. Copia del volante se encuentra anexada a una carta que envió Félix Medina a ASG, Telica, 30 de abril de 1946, caja 339, AN.

100    .La Prensa, 18 de junio, 7 y 10 de julio de 1946.

101    .La Prensa, 13 y 14 de agosto de 1946.

102.   Por cierto, el PLI conservó los mismos estatutos y principios ideológicos del PLN hasta 1954, cuando redactó su propio programa político. Orlando Blandino, entrevista con el autor, León, 26 de marzo de 1984.

103.   Memorando enviado al general Emiliano Chamorro a un comité conjunto del PLI y el partido Conservador, Managua, sin fecha pero probablemente de fines de 1945, caja 310, folder “archivo especial de documentos políticos,” AN.

104.   La Prensa, 18 de agosto y 3 de septiembre de 1946.

105.   Argüello, Plataforma política para el período presidencial 1947-1953.

106.   La plataforma del PLI-Partido Conservador puede encontrarse en La Prensa, 18 de agosto de 1946 y números subsiguientes.

107.   Guardia Nacional, no. 167 (octubre de 1946), p. 7.

108.   Cuadro elaborado a máquina que contiene datos de padrón y de urna, fechado 8 de marzo de 1947, caja 344, AN.

109.   La Prensa, 30 de julio de 1946.

110.   La Prensa partió de los datos de inscritos en 1928 y 1932 y los proyectó hasta 1946 según el incremento poblacional estimado; concluyó que no podrían ser más de 180,000 los inscritos en 1946. La Prensa, 7 de septiembre de 1946.

111 .La Prensa, 4 de febrero de 1947.

112.   Alvaro Ramírez G., entrevista con el autor, Managua, 16 de enero de 1984. Ramírez se desempeñó como observador de urna en las elecciones de 1947.

113.   Memorando interno del PLN (sin fecha), Fondo Salvadora de Somoza, no. 113, AN.

114.   La Prensa, 25 de febrero de 1947. La oposición insistió que los somocistas obtuvieron más votos que la oposición solamente en el departamento de Madriz, una afirmación que es evidentemente exagerada.

115.   Solamente el movimiento laboral denominado Obrerismo Organizado de Nicaragua, fundado por políticos liberales en la década de 1920, se sumó públicamente a la campaña de Argüello a cambio de concesiones tales como una representación obrera en el Congreso Nacional, seguridad social y distribución de tierras a campesinos. Consúltese su Manifiesto del 15 de septiembre de 1946 en caja 314, AN.

116.   El “Primer Congreso de Cámaras de Comercio y Producción de Nicaragua,” realizado en diciembre de 1944, solicitó mayores facilidades de crédito por parte del Banco Nacional, la creación de una policía rural, la reducción de las tarifas ferroviarias, y las reformas al Código de Trabajo que aconsejaba la misma experiencia. Boletín, no. 112 (diciembre de 1944).

117.   Editorial en Boletín, no. 133 (septiembre de 1946).

118.   Como ejemplo, el informe anual correspondiente a 1945- 46 presentado por el presidente de lajunta directiva de la Cámara de Comercio de Managua limita sus comentarios al tema de los cuellos de botella en la administración pública; no hace referencia alguna a los problemas económicos y sociales mayores que enfrentaba el país. Boletín, no. 131 (julio de 1946). La Cámara de Comercio de León se limitó a comentar el depósito previo excesivamente alto que estaba exigiendo el Banco Nacional para la compra de divisas y a solicitar la construcción de la carretera León-Sébaco que abriría el tráfico desde la costa del Pacífico directamente hacia el norte del país. Véase Mercurio, no. 142 (enero de 1946), y no. 147 (enero- febrero de 1947).

119.   Fondo Salvadora de Somoza, no. 13, AN.

120.   Informe sobre el “amotinamiento” de opositores políticos en Masatepe preparado por los tenientes Domingo Torres R. y Gonzalo Matus L., Managua, 19 de febrero de 1947, Fondo Salvadora de Somoza, no. 6, AN.

121.   Nicaragua, Presidencia de la República, Discurso pronunciado por el doctor Leonardo Arguello el 1 de mayo de 1947 ante el Congreso Nacional al tomar posesión de la Presidencia de la República.

122.   La Prensa, 11 de mayo de 1947.

123.   La Prensa, 16 de abril de 1947.

124.   La Prensa, 13 de abril de 1947.

125.   La Prensa, 13 de abril y 13 de mayo de 1947.

126.   La Prensa, 17 y 23 de mayo de 1947.

127.   Un recuento detallado de los acontecimientos que desembocaron en el golpe de Estado, y del mismo golpe de Estado, se encuentra en Millett, Guardians of the Dynasty, pp. 208-21 1, y La Prensa, 28 de mayo de 1947.

128.   LLG/DO 51I,1 14 (2 de junio de 1947).