Por Jeffrey L. Gould
Abstract
"The Frustrated Alliance" examines the relations between the antisomocista opposition and the left-wing of the labor movement under the control of the Partido Socialista Nicaragüense. The article purports to explain why the alliance failed despite sincere efforts to bring the movements together. This failure conditioned the survival of the Somoza regime.
Resumen
"La alianza frustrada" examina las relaciones entre la oposición antisomocista y el movimiento sindical jefeado por el Partido Socialista Nicaragüense entre 1946-1950. Enfoca los motivos por los cuales la alianza entre los dos grupos no fructificó, a pesar de los esfuerzos de muchos militantes, lo que permitió así la perpetuación del régimen somocista.
Durante 1946, la oposición anti- somocista y el movimiento obrero alcanzaban su apogeo. Desafortunadamente el no haber logrado crear una alianza estable durante ese año impidió el haber podido deshacerse de Somoza, particularmente durante los veintiséis días de la administración de Leonardo Argüello en mayo de 1947. El Partido Socialista Nicaragüense (PSN) y la Oposición estuvieron a punto de conseguir tal alianza dos veces. Aunque el PSN, había roto relaciones con Somoza y muchos líderes de la Oposición simpatizaban con el programa social del partido últimamente todos los esfuerzos para tal unidad fallaron. La incapacidad de los dos movimientos de unirse en contra del régimen derivaba de una grieta en la cultura política nicaragüense que Somoza luchaba por perpetuar. Esta división de clase arraigada entre los militantes sindicalistas y, los oposicionistas de clase media continuaría beneficiando al régimen más allá de los años 60. Reflexionando sobre los orígenes de esta división en 1940, escribí en otra parte:
...la versión del populismo obrerista durante 1940 acentuada fuertemente con el orgullo social artesanal, llegó a ser el idioma político dominante a través de todo el occidente de Nicaragua... Sin embargo, desde su comienzo el obrerismo ha sido con algunas excepciones no comprendido mayormente por las antisomocistas clases alta y media... la capacidad de Somoza de dirigirse a los trabajadores urbanos no le ganó necesariamente el apoyo político inequívoco. Aunque muchos trabajadores toleraban a Somoza hasta un cierto punto, la oposición de la clase media y de la élite vio esa tolerancia de mal gusto.(1)
Las sospechas arraigadas en el apoyo del PSN por el régimen en 1944, el crecimiento de un ala anticomunista de la oposición, y las constantes visitas de los lideres de oposición a la Embajada de los Estado Unidos tendían a exacerbar estas divisiones fundamentales entre los dos movimientos a pesar de compartir las mismas metas por la democratización de Nicaragua y sus pequeños momentos de alianza (2).
Condiciones para la Unidad: Los Socialistas y la Oposición Democrática
El año de 1946 comenzó con una nota dramática de unidad, con el activo apoyo del movimiento laboral en las marchas anti- Somocistas en Managua que atraían a más de 50.000 participantes (la población de Managua era apenas de 1.000.000). Somoza rápidamente se movía demostrando esa unidad impresionante al hacer concesiones para con el movimiento, negociando con el PLI y movilizando su propio desplazamiento de apoyo popular.
En febrero de 1946 Somoza permitió la convención inaugural de la Confederación de Trabajadores Nicaragüenses (CTN), dominada por los Socialistas. La CTN unía los 65 sindicatos y las 5 federaciones departamentales representando a más de 15,000 miembros. A finales de ese año, la CTN había organizado 140 sindicatos, dos federaciones departamentales adicionales, cuatro direcciones industriales (ferrocarrilera, portuaria, azucarera y minera) y numerosos sindicatos campesinos (3). El PSN guiaba ahora todas las faces de las actividades del movimiento laboral desde el taller luchas por la implantación del código laboral hasta las luchas políticas nacionales (4). Somoza aparentemente se comprometió en algunas negociaciones con el PSN, tratando a atraer apoyo electoral. Aunque los Socialistas probablemente no tenían más de 12,000 miembros en 1946, el partido, a través de su control sobre la CTN, era capaz de entregar más del 10 por ciento de los votos, influenciando potencialmente así el resultado de las elecciones (5). Sin embargo, el PSN después de haber sentido la mano represiva de Somoza más de una vez, rechazaba el intercambio de apoyo electoral hacia el candidato del régimen por la legalización de las actividades del partido y la concesión de cuatro diputados Socialistas (6). Aunque los izquierdistas querían el 'status’ legal y la representación parlamentaria, pensaban obtenerlas a través de una alianza con la oposición demócrata.
A pesar del hecho de la oposición lo había obligado a renunciar a su propia candidatura, la posición de Somoza durante los primeros meses de 1946 era bastante fuerte. Sus negociaciones con el PLI por un solo candidato Liberal (abril-julio) debilitaban la oposición al demorar las charlas por la unidad de los Conservadores y el PLI. El potencial de fuerza electoral somocista se podía observar aún más en la manifestación pro-régimen en Managua. El periódico estudiantil El Universitario vio lo que ellos consideraban ser la "manifestación más grande en la historia” como un desafío al movimiento democrático:
...los universitarios debemos agradecer a Murillo el habernos enseñado a nuestro pueblo al haber traído desde las montañas más remotas hasta nuestros ojos a estos miles de campesinos para que nos diéramos cuenta de la magnitud del trabajo que la patria necesita de nosotros para que comprendamos que estos nicas más que nadie están necesitando que terminen esta dictadura que ellos como ninguno otro están sufriendo en todo su rigor, la miseria, el despotismo y la corrupción del régimen (7).
Las diferentes reacciones de los estudiantes y el PSN a esta y otras manifestaciones somocistas revela algo de la división perceptual que entre ellos existía. Para los estudiantes, la presencia de 40,000 a 50,000 campesinos en la manifestación representaba un choque cultural - una masa de compatriotas serviles intimidados, con los cuales no tenían contacto alguno, pero a los cuales debería educar y cuidar por seguir la caída de Somoza. No podían concebir a estos campesinos como potencial de votos para Somoza: seguro que Somoza los controlaba ya fuera con el terror o con la demagogia. Sin embargo, para los Socialistas la demostración campesina mostraba que Somoza podía ganarse los votos de los "campesinos que vegetaban en los latifundios" en una elección "libre" usando como último recurso una variedad de tácticas que incluían, pero a la vez no estaban limitadas al licor y la intimidación (8). Las llamadas de Somoza por la lealtad del partido Liberal en los departamentos del norte donde el PLI no había tenido un impacto todavía podría, por ejemplo, producir el 15 por ciento de los votos. En el campo devastado por la guerra civil Liberal-Conservadora veinte años atrás, la aparición del caudillo Emiliano Chamorro como líder de la oposición influenciaba a muchos de los campesinos liberales para apoyar al régimen. Además de los campesinos liberales (el sector rural representaba el 65 por ciento de la población nicaragüense) el régimen, visto por el PSN, podría también recoger los votos de los obreristas somocistas en León y Chinandega, varios miles de trabajadores gubernamentales y algunos hacendados conservadores derechistas y sus peones. La base política de Somoza con sus "...miles de campesinos y trabajadores de la agricultura que podía llamar para esto y para aquello..." (9) aunque mantenida ilegalmente, podía muy bien proveer al candidato del régimen con un margen de victoria.
El reconocimiento del PSN de que Somoza podría ganar unas elecciones libres lo distinguía fuertemente del resto de las fuerzas en contra el régimen. Mientras que el PLI y los conservadores enfatizaban constantemente la necesidad de que los Estados Unidos supervisaran las votaciones, la izquierda argumentaba que a Somoza había que derrotarlo políticamente (como fuera ya íbera con elecciones libres o después de un fraude). La izquierda reconocía que Somoza había legitimado su estilo populista retórico con sus acciones; la prevención de las guerras civiles las cuales habían diezmado la población rural durante los 40 años anteriores, títulos de tierras a posadores, carreteras y ferrocarriles que inicialmente al menos beneficiaban a los campesinos, y por supuesto el Código Laboral. La alianza de la oposición con el PSN tenía que ofrecer una alternativa al discurso somocista y a la balanza de beneficios en el campo para poder ganar las elecciones e imponer sus resultados.
Los socialistas comprendían la situación en el campo mejor que los demócratas de clase media ya que ellos hacían esfuerzos serios por organizar a los trabajadores rurales. En 1946 en Chinandega los activistas laborales Socialistas organizaron cinco sindicatos de campesinos, además de uno con los trabajadores del Ingenio San Antonio. Trabajadores militantes de la izquierda también organizaron exitosamente sindicatos en las áreas rurales de Managua y Masaya. Esta experiencia organizativa demostraba que podían, de hecho, aflojar las garras de Somoza y de sus aliados, los terratenientes. Pero para derrocar a Somoza tanto en las urnas y más allá, el programa de los Socialistas - cumplimiento del Código de Trabajo, una reforma agraria, sindicatos campesinos y la electrificación rural,- tendría que estar incluido en la plataforma de la oposición. Durante todo el año, el PSN constantemente hace hincapié en la necesidad de organizar la oposición alrededor de un programa social que fuera rompiendo con el control que Somoza mantenía sobre las masas en las zonas rurales debilitando así el sobrante apoyo obrerista en las ciudades. Así, por ejemplo, a finales de julio de 1946 pidió "la inclusión de los derechos populares en el plan donde solo figuran los (derechos) de los grupos que jefean la política de la oposición" (10). A finales de diciembre, el PSN todavía creía que el candidato del régimen Leonardo Argüello, podía vencer al candidato de la oposición, Enoc Aguado. Una combinación de la fuerza somocista en el campo y el llamado a las armas del venerable Argüello en contra de Emiliano Chamorro y de los Conservadores, significaba que los anti- somocistas tenían que cambiar de tácticas: "La oposición Liberal-conservadora puede estar segura de que a menos que ellos puedan ofrecerles garantías a los trabajadores, no va a ganar..."(11). Sin embargo, algunos grupos dentro de la oposición si le ofrecieron al movimiento laboral garantías y apoyo al código laboral. El programa del PLI, en particular, llamaba a la "justicia social", salarios mínimos, protección para las pequeñas y medianas propiedades que habían sido amenazadas durante los 40 (y después) por los latifundistas. El PLI también solicitaba el apoyo del movimiento laboral dominado por los socialistas. El periódico Liberal Independiente se refirió entusiasta a las manifestaciones exitosas de la Confederación de Trabajadores Nicaragüenses, asistido por 6,000 trabajadores en Managua; el periódico también aduló al líder del PSN por su "brillante" discurso.
No obstante, otros temas no electorales tendían a perpetuar las divisiones políticas y culturales entre el PSN y el PLI y el resto del movimiento antisomocista: mientras que los socialistas evaluaban a las clases alta y media en términos de su actitud y comportamiento para con los trabajadores, la oposición solo podía concebir al mundo político en términos de la antinomia somocismo y anti-somocismo. En este contexto, el estado de emergencia económica decretado durante la Segunda Guerra Mundial, el cual controlaba los precios de las importaciones, los alquileres urbanos y el alquiler de las tierras rurales se volvía un tema controversia!. Aunque el PSN reconocía el uso corrupto de las leyes por parte del régimen y organización en contra del mercado negro, resultado directo de tal decreto, el partido, no obstante, apoyaba la prórroga del estado de emergencia debido al cumplimiento de las medidas en cuanto a que protegían a los inquilinos urbanos y a los arrendatarios rurales. El bloque antisomocista en el congreso, mientras que reconocía la importancia de las leyes sobre el alquiler, se oponía a la prórroga de los decretos de emergencia, diciendo que las prácticas corruptas de los negociantes eran protegidas, sino apoyadas, por el régimen (12).
Huelgas Rotas, Alianzas Disueltas
Las divisiones culturales y políticas entre la oposición y la izquierda eran expresadas en las acciones tanto como en los debates. Dos huelgas -- una estudiantil en junio y una textilera en noviembre, 1946 - reventaron en los momentos de unidad en las negociaciones entre el PSN y elementos progresistas de la oposición, terminando las dos en derrotas, lo que a su vez dejo hondas huellas entre los movimientos.
El PSN firmó en junio un tentativo acuerdo con el pequeño Partido Centroamericanista y la Federación de Estudiantes Universitarios, formando el Bloque de Liberación Nacional (BLN). El acuerdo prometió apoyo mutuo en la lucha contra la dictadura de Somoza y trazaba un programa social progresista, llevando la impronta del PSN. Los socialistas dieron el primer paso hacia la concreción de tal acuerdo al llamar a los trabajadores a que apoyaran la manifestación a la que los estudiantes estaban convocando para conmemorar los eventos del 27 de junio de 1944; "los estudiantes se han ganado (el prestigio), luchando valientemente por el pueblo. Los trabajadores se unirán a los universitarios en ese día" (13). El PSN al conmemorar el movimiento estudiantil al que se habían opuesto en 1944, admitió tácitamente su error, o por lo menos les ofreció una disculpa simbólica a los estudiantes. Sin embargo, los estudiantes no disponían de tiempo suficiente para reciprocar el gesto antes de que el nuevo desacuerdo entre los aliados incipientes estallara.
La Guardia reprimió la manifestación del 27 de junio, hiriendo y arrestando a muchos de los manifestantes; Somoza mandó cerrar la Universidad Central de Managua. En respuesta a la represión, unos 3,000 universitarios y estudiantes de secundaria marcharon por las calles en las principales ciudades del país en una huelga de protesta. Los líderes estudiantiles "exigieron que el PSN (y demás partidos) organizaran una huelga nacional en protesta a tal represión y por la liberación de Nicaragua". No obstante, en las palabras de un líder universitario Sandinista, Reynaldo Antonio Tefel, "Debido a intereses partidistas y a diferencias ideológicas y lo que es peor, a la mutua desconfianza, el paro general que ya casi era una realidad por el momento sicológico, por el entusiasmo del pueblo que lo pedía en alta voz y por otras circunstancias, para mal de Nicaragua no se llevó a efecto” (14). Otro líder universitario citó, con más franqueza, como la causa por la cual el paro fracaso: ”nos tropezamos con obstáculos... como el de la intransigencia de algunos líderes socialistas de Managua...” (15). Los dos dirigentes de la oposición compartían la misma perspectiva de que tal huelga hubiera podido derribar al régimen y que los socialistas cargaban con la mayor parte de la responsabilidad por su fracaso. Después de tal fracaso los estudiantes se retiraron del Bloque de Liberación Nacional (16).
Los líderes del PSN, ofrecieron explicaciones confusas y conflictivas por su oposición al paro general de julio de 1946. Primero, argumentaron que la organización de la huelga era inadecuada y por lo tanto una "ilusión”. Los socialistas muy razonablemente temían las consecuencias de tal fallo: una represión potencialmente feroz que podría destrozar al movimiento laboral. Al día siguiente los líderes del PSN sin embargo, cambiaron su argumento, explicando que un paro general podría haber derrocado al gobierno. Dadas las probabilidades de éxito, el jefe socialista Juan Lorío argumentó que el PSN podría haber apoyado el paro solo después de haber recibido firmes compromisos de los partidos de oposición para ”la liberación de Nicaragua”. Aunque los socialistas no pudieron llegar a un acuerdo con los conservadores, quienes, aunque aseguraron haber aceptado el programa mínimo del PSN demandaron que se incluyera una declaración contra el comunismo (17). Estas explicaciones contradictorias en conjunto con la insinuación de los dirigentes estudiantiles de que "algunos líderes socialistas” quizás favorecían el paro, sugiere algunas divisiones internas, o quizás un tanto de confusión en la membresía del PSN (18).
La decisión del PSN (ya fuera ésta colectivo o no) de no participar y a la vez de socavar el paro general, significó una traición — aunque sin intención — a sus aliados estudiantiles a quienes le habían prometido su apoyo. Las declaraciones del PSN, tomadas en conjunto, nos ofrecen, algunas claves de los motivos izquierdistas. La comprensión del partido de las debilidades inherentes del proyecto de paro general — las divisiones internas de la oposición, la fuerza política de Somoza en las zonas rurales, la realidad de la represión de la Guardia, y la renuncia de los Estados Unidos a intervenir al lado de la oposición — informaba su primera explicación. Sus argumentos posteriores de que la huelga hubiera derrocado al régimen y se reemplazaría con una fuerza potencialmente hostil para con el movimiento laboral revelaban, una cierta falta de comprensión, de las políticas de la oposición. Primero, los socialistas parecían aceptar, sin mucho análisis, la noción estudiantil de que un paro general podría "liberar a Nicaragua". La demanda inmediata de los estudiantes era -¬la reapertura inmediata de la Universidad Central- lo que de ninguna forma ponía en peligro al régimen. Aunque el PSN estaba comprometido en solidarizarse con los estudiantes, no tenían ninguna obligación en aceptar la imaginada repetición de los éxitos del movimiento estudiantil guatemalteco en 1944 por parte de los estudiantes nicaragüenses. Los socialistas, al de 15,000 a 30,000 trabajadores a una huelga se hubiera ganado una cuota importante de poder de decisión sobre cualquier avance más allá de las demandas inmediatas. Más aún, era dudoso que cualquiera de los otros partidos se hubiera movido por un paro insurreccionado (19). Quizás el error más grave del partido, era que los socialistas aparentemente no comprendían las consecuencias de su falta de apoyo para el paro: el rompimiento del Bloque de Liberación Nacional.
Tefel tenía mucha razón al subrayar "las sospechas mutuas" como la razón del fracaso del paro. Esas sospechas, arraigadas en las distintas, radicalmente diferentes, experiencias vividas por los dos grupos de militantes, se hicieron más profundas, más hondas’ al fracasar la huelga. Para los estudiantes y otros antisomocistas, las intransigencias del PSN indicaron que las raíces en el somocismo no se habían roto y por lo tanto no se debían confiar completamente. Los socialistas, aunque no perdían las esperanzas de una alianza con el PLI, no podían tolerar a los conservadores anticomunistas dentro de la coalición. Así, los movimientos obreros y democráticos, ambos en sus máximas condiciones de fuerza organizacional, se combinaban para crear las condiciones necesarias para arrancar las mayores concesiones del régimen —aunque a los pocos días esa oportunidad se les escapó por las hendiduras de sus diferencias políticas y culturales.
En Octubre, a pesar de la creciente propaganda anticomunista de los conservadores, de algunos liberales independientes (y del régimen somocista), una alianza del PSN- oposición, una vez más, estuvo a punto de concretarse. La nominación presidencial de Enoc Aguado de la oposición, en particular, aguijoneaba el proceso de reconciliación entre los socialistas y los demócratas del PLI. El PSN había apoyado fuertemente la nominación de Aguado, protestando vigorizamente en contra "del franco sabotaje que están realizando los sectores reaccionarios del partido Conservador, al atacar sistemáticamente a Aguado..." (20). Complacidos con la candidatura de Aguado, los socialistas propusieron una alianza electoral con el PLI, argumentando que "el Dr. Aguado ha expuesto un programa que merece nuestro apoyo" (21). A cambio de su apoyo, los socialistas pedían la nominación de cuatro congresistas y la garantía del estatuto legal para el partido. Aguado, a su vez, a pesar de algunas disensiones en el liderazgo del PLI, respondió positivamente a la oferta de apoyo del PSN electoral, aceptando su programa mínimo y reconociendo sus derechos legales. Pero afirmó no poder ofrecerle al partido los cuatro diputados ya que el proceso de precandidatura ya había pasado. Mientras que Aguado aceptó tentativamente la propuesta de alianza con el PSN, los líderes departamentales del PLI tomaban posiciones más fuertes en favor de tal alianza. En respuesta a los rumores de que algunos líderes del PLI estaban tratando de romper la alianza con el PSN por sus supuestas relaciones con régimen, Julio Selva, dirigente del PLI en Masaya, declaro: "...es precisamente el PSN el que puede realmente mantener...el apoyo, de las masas militantes por un gobierno progresista y democrático...en Masaya hemos observado las grandes masas de seguidores del Partido Socialista" (22). Finalmente, a mediados de octubre, los estudiantes y dirigentes del PLI asistieron a una manifestación del PSN, que reunió a más de 5,000 simpatizantes del partido en Managua.
Sin embargo, las mismas contradicciones de clase que socavaban el movimiento antisomocista en 1944 contribuían al aborto de la alianza popular democrática en 1946. Otro movimiento de huelga — esta vez de los trabajadores textiles — puso a la incipiente alianza laboral-demócrata a una prueba que no podía aprobar. No está muy claro si el General Carlos Pasos, dueño de la fábrica de textiles más grande de la república, actuaba con el propósito de promover el proceso de racionalización en la hilandería. El 2 de No¬viembre, Pasos obligó a sus 350 trabajadores a que firmaran contratos individuales de 30 días, los cuales les negaban protección bajo el Código de Trabajo. El 9 de noviembre la CTN advirtió que Pasos estaba provocando una huelga, confiando en su capacidad para vencerla y así aniquilar el sindicato (23). Tres días más tarde Pasos confirmó esos temores, al despedir a 23 militantes sindicales. El 13 de noviembre, 250 trabajadores textiles de PAYCO se fueron a la huelga en protesta por los despidos y por los contratos individuales. Cincuenta trabajadores quedaron trabajando. Durante dos semanas, los huelguistas, sostenidos por las contribuciones de la CTN, cercaron la fábrica día y noche, intentando bloquear la entrada de comida y materiales y la salida de los que no estaban en huelga. Mientras que Somoza insinuaba que los trabajadores tenían la justicia a su lado, la Guardia actuaba erráticamente, algunas veces permitiendo las líneas de piquete y otras veces protegiendo a los trabajadores que no estaban en huelga. La Guardia también prohibió las manifestaciones de solidaridad en Managua.
Los huelguistas se encontraban en desventaja sin el apoyo de Somoza, y sin por lo menos, el grado de neutralidad que habían gozado durante la huelga en 1944. Aunque la mayoría de los trabajadores textiles apoyaron la huelga hasta el final, una creciente minoría aceptó la oferta de Pasos de trabajo garantizado (mientras que amenazaba despedir a más de 80 huelguistas) y el retiro de los contratos individuales. Los dirigentes sindicales textiles se habían esforzado por evitar una huelga precisamente porque anticipaban sus debilidades. Sin los ”closed shops," los sindicatos nicaragüenses necesitaban el apoyo casi unánime de los trabajadores (el cual raramente obtuvieron después de 1944) para no convertir al "derecho al trabajo" de los rompe-huelguistas en el principal tema de la huelga. Así mismo, la presencia de casi 50 trabajadores dentro de la fábrica llevó a varios incidentes violentos. A pesar del hecho de que Pasos y un pariente de uno de los rompe-huelguistas hicieron los únicos disparos, la mayoría de los periódicos describieron a los huelguistas como violentos. Aún más, el sindicato textil provocado a actuar rápidamente no seguía las prescripciones, que tomaban tanto tiempo, del Código de Trabajo para las acciones legales. La Junta de Conciliación, indudablemente inclinada por Somoza, encontró muy sencillo el fallar en contra de la legalidad de la huelga, mientras que a la vez reconocieron la "justicia" en la posición de los huelguistas en cuanto a los contratos individuales. Sin embargo, el fallo de la Junta de Conciliación convenció a los sindicatos de que tenían que negociar los términos de su derrota. Pasos estuvo de acuerdo en reducir el número de despedidos de 80 a 43, reafirmando su compromiso de retirar los contratos individuales y prometiendo que no habría represalias en contra de los otros huelguistas. Aunque la CTN trató de poner la mejor cara, no había duda que el movimiento sindical había sufrido un grave fracaso.
La ambivalencia inicial de Somoza y su subsiguiente inclinación en contra de la huelga reflejaba la complejidad de sus ramificaciones políticas. Somoza, disfrutó inmediatamente de dos productos de la huelga: la imagen del líder del PLI como enemigo del pueblo y las crecientes divisiones dentro de la oposición. La intransigencia del General Pasos dividía el movimiento antisomocista y socavaba las posibilidades para una alianza con el PSN. Aunque algunos progresistas dentro del PLI, incluyendo a su candidato presidencial Aguado, infructuosamente pidieran a Pasos a que negociara de buena fe con los huelguistas, los derechistas eclipsaban sus esfuerzos. La prensa conservadora, ya en campaña anti-PSN, subrayó que en la "huelga contra PAYCO todos los elementos de una Revolución Comunista están en gestación" (24). A la vez, el General Pasos amenaza diciendo 'no voy a tolerar más elementos comunistas' (25). Pasos y los Conservadores acusaron por un lado a Somoza alegando que él apoyaba a los comunistas y por el otro señalaron a Manuel Mora, líder comunista costarricense, como dirigente de la huelga. Así mismo, diez conservadores y diputados del PLI apoyaron directamente el derecho al trabajo de los no huelguistas.
A pesar de los beneficios derivados de la huelga, la propaganda derechista anticomunista pudo muy bien haber empujado a que Somoza actuara en contra del sindicato. En una visita a los Estados Unidos en octubre para atención médica, Somoza se manifestó muy entusiasmado por la Guerra Fría prometiendo mantener el comunismo fuera de Nicaragua, compromiso que reiteró al regresar a Nicaragua. Los reclamos hechos por los conservadores y por Pasos estaban así dirigidos a empeñar su credibilidad sobre su nuevo compromiso anticomunista frente al Departamento de Estado. Aunque Somoza se defendió de los ataques de los conservadores al tirarle a la oposición: "Solo ayer ellos (lo militantes sindicalistas) eran la fuerza de choque del General Pasos usados para atacar al gobierno. No son comunistas cuando sirven (sus) intereses políticos pero si lo son cuando demandan los derechos de los trabajadores" (26). La prensa somocista, hizo eco directo de las frases del dictador acusando a la oposición de financiar al PSN, y así ayudar al crecimiento del movimiento obrero izquierdista. El mismo Somoza restó importancia a la amenaza comunista doméstica. (27)
Tanto Somoza como la oposición dirigieron sus mensajes sobre el comunismo y la huelga al Departamento de Estado. Al quitar énfasis de la amenaza comunista, en el contexto de una huelga matizada por la violencia y guiada por los izquierdistas, probablemente impresionó mucho al Departamento. Su respuesta más fuerte a los cargos de Pasos de que el "estaba fomentando los desórdenes y que los comunistas (estaban) a su servicio,” era la de hacer que la Junta de Conciliación forzara la mano del sindicato (28). Durante los siguientes meses, sin meterse a encarcelar a muchos, el régimen siguió una política hostil hacia el movimiento obrero, ejemplificada por los fallos laborales desfavorables en las cortes judiciales, la prohibición de reuniones y manifestaciones, la negativa del estatuto legal a la CTN y el apoyo a las compañías mineras y al ingenio San Antonio para deshacerse de sus sindicatos.
Durante la huelga de la PAYCO, la izquierda reaccionó más vehemente en contra de la oposición que en contra del régimen. En su enojo para con Pasos y la prensa conservadora, pintaba al resto de la oposición con los mismos colores reaccionarios. Al denunciar la represión de PAYCO, la CTN expuso: ”...y es un claro indicio del desprecio que sienten por los trabajadores casi la totalidad de los que aspiran a la dirección de los destinos de nuestra patria” (29). El 24 de noviembre, menos de un mes después de que el PSN había prometido apoyar a Aguado, el partido impulsó a los trabajadores a que boicotearan un mitin de la oposición. El boicot del PSN, en efecto, — la reiterada de unos 15,000 manifestantes — causó que la manifestación no llenara las aspiraciones de los organizadores. Sin duda, la actitud negativa de muchos de los líderes de la oposición hacia el sindicato textil influyó fuertemente en la decisión de efectuar tal boicot. Sin embargo, el comunicado de la CTN no se refirió a la huelga, sino que acusó a los líderes de oposición de bloquear la alianza con la izquierda: ”...en vista de la conducta de los líderes oposicionistas ubicados en esta capital que rechazan el concurso del partido de los trabajadores...” (30).
El dramático surgimiento del anticomunismo dentro de la oposición, intensificado por la huelga, contribuyó decisivamente al colapso de la alianza popular- democrática. La izquierda comprendía que la campaña anticomunista era para el consumo de la Embajada:
...para que los Estados Unidos se decidan a intervenir en los problemas internos de Nicaragua, naturalmente en favor de los grupos de oposición agregando que el actual gobierno que encabeza el Gral. Somoza esta aliado con la URSS y los comunistas criollos, dispuestos a transformar este pedazo de tierra en una república comunista (31)
Aunque la Embajada escuchaba a la oposición, su reacción (si hubo una), no está documentada. Sin embargo, el Dr. Mario Flores Ortíz, líder del PSN, nos ofrece evidencia de que sí hubo intervención. Delegado por el PSN para trabajar en los detalles de la alianza electoral con la oposición a finales de 1946, Flores recuerda que el líder del PLI, Enrique Espinoza Sotomayor, rompió las negociaciones, informándole al líder del PSN que: ”No vamos a aliarnos con ustedes porque la Embajada no ve con buenos ojos esta alianza. Si ustedes quieren, votan por nosotros, pero nosotros no nos vamos a aliar con ustedes” (32). Los comentarios de Espinoza precipitaron probablemente la ruptura del PSN con la oposición; ya que ciertamente habían picado el orgullo socialista y más aún habían confirmado sus sospechas sobre los prejuicios de clase del liderazgo de la oposición. Desde ese momento los socialistas estaban convencidos que los antisomocistas atacarían al movimiento obrero para atraerse el apoyo de los Estados Unidos. Los socialistas no consideraron apoyar a Aguado sin una alianza electoral formal.
Al contrario, el 17 de enero de 1947 el PSN hizo una declaración en la que llamaba a la abstención en las elecciones. El partido argumentó que los trabajadores no podían apoyar al partido Somocista por haber "roto con la democracia”, sin embargo, tampoco podían votar por una oposición que rehusaba la colaboración del PSN y que se había convertido en:
...un hervidero de enemigos peligrosos de las pequeñas conquistas logradas por los trabajadores nicaragüenses. Tipos de reconocida filiación nazi que por meras mezquindades guardan encono contra la personalidad del presidente están ocupando puestos clave dentro de la política oposicionista desde allí arrojan vituperios y amenazas constantes contra el movimiento obrero campesino y contra las tesis populares de nuestro partido...” (33)
A pesar de su impacto electoral — aunque algo insignificante en vista de la fraudulenta victoria del régimen- la política abstencionista del PSN coincidió con el descenso impresionante de la izquierda. La misma decisión del partido desilusionó a muchos de sus militantes que apoyaban a Aguado (y que votaron por el). Mientras, como hemos señalado anteriormente, el régimen somocista, ansioso de ganarse los dividendos de la Guerra Fría, estaba desmantelando los sindicatos en todo el país. En abril de 1947, la CTN reconoció que "nuestro movimiento está viviendo un período de crisis...” admitiendo los devastadores fracasos que sufrían los sindicatos de las minas, del ferrocarril, de las fábricas de cigarrillos y del ingenio azucarero San Antonio (34). El rápido descenso del movimiento obrero después de la huelga de PAYCO, se daba en parte por lo menos debido a su aislamiento político. Anteriormente, el movimiento estudiantil o importantes sectores del PLI habían apoyado a los sindicatos y hasta cierto punto habían bloqueado la represión. Ahora hasta sus más cercanos amigos en la oposición estaban convencidos de que el PSN ”se había vendido a Somoza”, mientras que los socialistas se burlaban de su actitud servil frente al Departamento de Estado.
Desde luego, los Estados Unidos ocupaban un lugar tan importante dentro de la imaginación oposicionista que un representante de la Embajada tenía nada más que guiñar un ojo para que los deseos de la Embajada fueran interpretados. Sin duda, Embajada escuchó las advertencias del líder conservador Carlos Cuadra Pasos de que después de una revolución (precipitada por el fraude), el PSN se convertiría en el segundo partido más fuerte en Nicaragua (35). No existen documentos que sirvan como evidencia para la declaración de que la Embajada causó una división entre la izquierda y la oposición. Sin embargo, parece dudoso que el Departamento de Estado considerara al PSN como parte de una conspiración comunista internacional y por lo tanto merecedora de un ataque (36). Más aún, el acelerar el rompimiento de la oposición con el PSN iba en contra de la política norteamericana acerca de la no-intervención en los asuntos internos latinoamericanos, una política fielmente ejecutada durante esa época en Nicaragua. Sin embargo, tampoco hay duda de que la oposición creía que la Embajada deseaba tal ruptura.
La fracción dominante del PLI no era esencialmente anticomunista. En lugar de un acuerdo a la causa por la Guerra Fría el liderazgo del PLI, reconocía la decisiva importancia del anticomunismo en la política extranjera de los Estados Unidos y esto marcaba su decisión de deshacerse de sus aliados izquierdistas. El PLI calculaba que no podían esperar que los E.U. intervinieran en el proceso electoral con los Socialistas como aliados — y evaluaban correctamente las probabilidades de un fraude sin intervención. Además, el PLI temía que su alianza con los conservadores no iba a sobrevivir a un acuerdo formal con el menos significante electorero PSN.
El rompimiento de la oposición con los socialistas reveló y reafirmó las distintas esferas conceptuales habitadas por la oposición democrática y los trabajadores izquierdistas. Para los demócratas, la eliminación de Somoza del poder era la meta primordial. Aunque simpatizaban con el movimiento obrero, no podían comprender (y por lo tanto no confiaban en) la insistencia del PSN en las garantías laborales para la época postsomocista. Los militantes sindicales, por un lado, no podían comprender la virtud de la unidad antisomocista cuando esto involucraba la cesión de terreno a Pasos y a los derechistas que de seguro pisotearían los sindicatos tan pronto como llegaran al poder. Cuando los universitarios los acusaron de venderse, después de la declaración de abstencionismo, los socialistas dejaron resaltar su resentimiento clasista:
De palabra estos niños aspirantes a diputados se han puesto de acuerdo con nosotros pero a la hora de las realizaciones colocándose a la zaga de los caudillos politiqueros nos han dado la espalda (37).
El PSN, por supuesto, no podría anticipar las consecuencias al perder a los aliados en la oposición democrática —una pérdida que pudo haber sido mitigada si el partido hubiera continuado apoyando a Aguado. La izquierda no pudo reconocer que el grado de crecimiento del movimiento obrero desde 1944 a 1945 había dependido de la coyuntura política favorable que incluía el entusiasmo político general por los ideales democráticos de los Aliados. La ascensión de la ideología democrática en la política nicaragüense requería que por lo menos se tolerara a la izquierda y al movimiento obrero. Más aún, la apertura relativamente democrática en 1945-1946 provocó un conflicto dentro de la élite que tendía a proteger al movimiento obrero mientras que un lado o el otro buscaban su apoyo. Así, las corrientes locales de la Guerra Fría abandonaron al movimiento obrero, sin preparación alguna para sobrevivir solos y expuestos por todos lados a la represión.
La oposición democrática cometió un error aún más serio en noviembre de 1946. Su juego para obtener el apoyo norteamericano fracasó miserablemente y Somoza se robó las elecciones fácilmente para su candidato Argüello. Así mismo los conservadores resultaron ser aliados problemáticos durante los veinte y seis días de la administración de Argüello cuando el anciano líder Liberal rompió con Somoza. El PLI no tomó en cuenta el efecto político total que traía consigo el descenso del movimiento obrero y el distanciamiento entre los socialistas y los demócratas. En los departamentos de Chinandega, León, Masaya y Matagalpa durante 1946 la izquierda democrática y el movimiento obrero habían crecido a través de un proceso simbiótico. El final abrupto de tal proceso dañaba por lo tanto al movimiento estudiantil y al PLI. Irónicamente cuando la condición sine qua non -- la buena voluntad norteamericana- fue lograda después del derrocamiento de Argüello por parte de Somoza, los movimientos obreros y demócratas se hallaban débiles y divididos.
La oportunidad que llegó demasiado tarde: El Intervalo de Argüello
La victoria electoral, aunque fraudulenta de Argüello el 1 de febrero de 1947, dividió aun más a la oposición y la izquierda (38). El PLI y los estudiantes se opusieron amargamente al fraude; la izquierda criticó las elecciones más levemente, mientras que entablaron negociaciones con Argüello. Con el mínimo apoyo de sus compinches conservadores, Aguado fue a buscar ayuda a Washington para anular las elecciones. Aunque el Departamento de Estado sabía que Aguado pudo haber ganado las elecciones limpia-mente se negó a intervenir, juzgando, pareciera, que el venerable Liberal tenía un plan independiente de Somoza (39). Desde antes de las elecciones en enero de 1947, el PSN había actuado con la presunción de que Argüello hubiera gobernado independientemente de Somoza y le hubiera ofrecido por lo menos un trato justo al movimiento sindical. En enero, Argüello rehusó ofrecerle garantías a Somoza de que se quedaría como jefe de estado de la Guardia Nacional. Su programa político le ofrecía mejores garantías al movimiento obrero que la oposición. En pláticas privadas con el PSN, después de haber roto con los antisomocistas, Argüello aparentemente prometió hacer de su programa una realidad. Menos de un mes después de su fraudulenta victoria, el PSN continuaba negociando con el presidente electo y ofreciéndole su apoyo. Existe evidencia que sugiere que el partido firmó un pacto con Argüello en marzo, en el cual ellos le ofrecían apoyo, a cambio de un acuerdo en el que se le ampliaban los derechos sindicales (40).
El acuerdo Argüello/PSN no solo reforzó la idea antisomocista de que el partido se había vendido a Somoza, pero más aún añadió dudas acerca del compromiso de los socialistas con el sistema, democrático. Hasta cierto punto, la valoración de la oposición era correcta, pero menos por el marxismo del PSN que por sus raíces liberal- obrerista de la mayoría de sus líderes. La noción obrerista de la democracia enfatizaba el derecho a la verdadera ciudadanía de los trabajadores, una condición previamente reservada para la élite. Sin garantías y derechos para los trabajadores y campesinos, el PSN no deseaba luchar por la democracia. Los líderes del PSN se dirigían a Argüello desde dentro de la tradición Liberal -obrerista.
Tres meses después, los activistas estudiantiles y los militantes del PLI optaron por apoyar a Argüello. Durante los primeros días de su administración Argüello desmilitarizó las dependencias estatales, comenzó a reorganizar la Guardia Nacional (incluyendo la transferencia de Somoza hijo a León de su puesto en la Guardia Presidencial), apoyó la iniciativa de legalizar la universidad libre (fundada durante la huelga de julio de 1946) y comenzó a dialogar con los sindicatos. El 8 de mayo, una semana después de su inauguración, el PLI hizo público su apoyo a Argüello y comenzó a organizar a su favor. Argüello no solo ganó el apoyo de la izquierda, el PLI y de los estudiantes sino también ganó la lealtad de un sector de la Guardia Nacional, incluyendo la jefe de policía de Managua. Quizás unos 150 oficiales de la Guardia le prometieron su apoyo. Más aun el gobierno norteamericano se opuso a cualquier movimiento por parte de Somoza en contra del presidente. Únicamente el caudillo conservador, Emiliano Chamorro, y el General Pasos no se comprometieron a ayudarlo. Desde luego, Chamarro y Pasos fueron reclutados por Somoza para su golpe del 27 de mayo.
Es muy posible que el golpe de Somoza fuera inevitable. Sin embargo, vale la pena mencionar que durante las pocas semanas de la administración de Argüello la dinastía de Somoza se encontraba en su punto más débil hasta la insurrección de 1978. El apoyo para Somoza (fuera del apoyo pasivo de los campesinos) estuvo reducido a una Guardia dividida, a un pequeño grupo de políticos somocistas y al respaldo tentativo de Chamorro y Pasos. Aún los sobros del movimiento sindical somocista estaban divididos entre Argüello o Somoza. Más aún, el golpe no fue una completa sorpresa. Una semana antes del golpe, Enrique Espinoza anunció al terminar la votación del congreso por un margen de 28-18 contra Argüello: "Ahora esperamos el golpe de estado" (41). Es aún más significante el hecho de existían grupos listos para defender el gobierno de Argüello.
Una semana antes del golpe, el jefe de policía de Managua, Coronel Alberto Baca, llamó a varios líderes estudiantiles para proponerles un plan para la defensa armada de Argüello. Les ofreció centenares de rifles para que fueran distribuidos entre los estudiantes, cuando su grupo dentro de la Guardia estuviera listo para el arresto de Somoza. Los estudiantes y sus demás aliados se unirían entonces en la lucha para aplastar cualquier resistencia somocista. Los estudiantes aceptaron su propuesta y en cuestión de unos días habían organizado un fuerte grupo listo para combatir a la Guardia somocista.
Los estudiantes no buscaron apoyo dentro del PLI o del partido conservador, sino que buscaron el respaldo dentro de los barrios populares. Aunque los estudiantes se inclinaban cada vez más hacia la izquierda (y muchos se definían como socialistas) y creaban exitosamente una cadena de partidarios en los sectores populares, ellos no reestablecieron contacto con el PSN o con el movimiento sindical. La herencia de las huelgas fracasadas y de las alianzas rotas pesaban fuertemente: en julio de 1947 los estudiantes y los sindicatos laborales se encontraban una vez más luchando por las mismas causas, con agendas políticas similares y, sin embargo, no se comunicaban entre sí. Ya sea que los estudiantes y sus aliados pudieran haber derrotado a Somoza o no sin la participación del movimiento sindical es, por supuesto, un punto discutible. Por un lado la fuerza de los sindicatos declinó en los seis meses previos, pero por el otro, los militantes izquierdistas estaban preparados para defender a Argüello.
La estrategia de los estudiantes, de rápida confección, sufrió de insuficiente coordinación con los disidentes de la Guardia y con los miembros del gobierno. Octavio Caldera, uno de los organizadores recuerda:
...pocos días antes del golpe, estábamos organizando en los barrios populares. El jefe de la policía se enteró a través de la misma policía. El me preguntó, "qué estas haciendo? No te das cuenta de lo que va a pasar pronto. Yo solo quiero que la gente venga cuando estalle." Entonces le respondí, "Y cómo va a venir la gente así no más? Tenemos que organizarlos”. (42)
Las vastas diferencias de estilo entre el Coronel Baca y los estudiantes por una parte, y la falta de coordinación entre los estudiantes, los disidentes de la Guardia y el gobierno, por otra, crearon obstáculos invencibles. Argüello actuó como si no tuviera nada que ver con la conspiración ya que el 25 de mayo le ordenó a Somoza salir del país, a pesar del hecho de que los preparativos necesarios para hacer cumplir sus órdenes militares no estaban listos. Somoza dio su golpe la noche siguiente, arrestando a Baca y a 150 oficiales de la Guardia acusados de apoyar a Argüello. Caldera se acuerda de la forma en que él experimentó aquellos últimos días de esperanza:
“El día del golpe un oficial vino a avisarme. A eso de la una de la mañana mis compañeros y yo esperábamos a lo largo de la carretera y vimos los camiones de la Guardia pasar. Y los saludamos, pensando que ellos eran del grupo de la Guardia que se oponía a Somoza. Ahí estábamos nosotros a la una de la mañana saludando a la Guardia” (43).
La Consolidación de la Derecha
El golpe de Somoza en Mayo de 1947 señaló una dramática transición política. Mientras que bajo Argüello, los estudiantes y los trabajadores izquierdistas eran bastante visibles y disfrutaban de un significante grado de libertad, el golpe los borró del paisaje. Aunque Somoza dirigió su furia en contra todas aquellas fuerzas proArgüellistas, el trató a los estudiantes y al PSN — los dos grupos protestaron más vigorosamente en contra del golpe — con una venganza especial. Por primera vez el régimen hizo referencia directa al problema del comunismo en Nicaragua con el fin de llevar a cabo su ola de represión. El gobierno (guiado nominalmente por el títere clásico: Lacayo Sacasa) decretó el confinamiento de nueve líderes con los siguientes términos;”... existen en Nicaragua elementos afiliados con el Comunismo que pretenden aprovechar de las circunstancias políticas ... para realizar actos de terrorismo...” (44).
Así mismo, el régimen puso en prisión o mandó al exilio a todos los líderes estudiantiles. Pero el comunismo no era el único crimen en Nicaragua: el solo hecho de vitorear a Argüello, llamándolo para que regresara al poder le valía el encarcelamiento. La represión en contra de la izquierda, aunque alcanzaba las consecuencias más graves, era meramente parte del castigo general sobre todos los disidentes. Dicho castigo llevó a mas de 200 disidentes al exilio y encarceló a centenares, incluyendo muchos miembros del PLI y del partido Conservador. Después del golpe, los Estados Unidos adoptó, por primera vez, una actitud beligerante en contra el régimen de Somoza. Una de las primeras acciones del Departamento de Estado fue el retirar a su misión militar de Nicaragua. Luego, la delegación norteamericana votó al lado de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos para negarle participación al régimen somocista a la Conferencia Panamericana en Río en agosto-septiembre de 1947. La prensa local, aunque bastante amordazada en ese tiempo, publicó la siguiente declaración hecha por un oficial de la Embajada: ”Los Estados Unidos, al votar en contra... mantuvo su política de reconocimiento del gobierno de Argüello” (45). Más aún, los Estados Unidos al no reconocer el gobierno de fado jugó un papel importante al contener, hasta cierto punto, los excesos dictatoriales del régimen. Un observador somocista en la Conferencia de Río le informó al régimen sobre la imagen extremadamente negativa que la represión había causado, especialmente el hecho de que los antiguos ministros del gobierno de Argüello se hallaban con casa por cárcel. La respuesta del régimen fue la de darles libertad a muchos de los prisioneros; muchos de ellos, sin embargo, serían arrestados de nuevo al fallar un intento de insurrección por parte de unos Conservadores a mediados de setiembre.
La ideología y la práctica del anticomunismo fueron la clave en los esfuerzos del régimen para obtener el reconocimiento diplomático de los Estados Unidos. Así, por ejemplo, la recién instalada Asamblea Legislativa aprobó una ley que fomentó la persecución "de todo acto de terrorismo o de comunismo”. El partido socialista, sin la protección de su abatido movimiento sindical, y aislado del resto de la oposición derrotada era presa fácil para el régimen. En enero de 1948, entre 50 y 100 militantes socialistas, sindicalistas y progresistas del PLI fueron acorralados por la Guardia. Un astuto funcionario del Departamento de Estado comentó que la represión anti izquierdista respondió a la necesidad de Somoza de acumular "capital internacional con el anticomunismo” (46).
El asestar un golpe decisivo sobre el movimiento obrero por sí solo no era suficiente para ganarse el reconocimiento de los Estados Unidos o para estabilizar al régimen. Pero la represión ciertamente ayudó a Somoza en su primera tarea: la legitimación de su gobierno dentro de Nicaragua. Esta legitimación, más allá de la formalidad de una nueva constitución, involucraba el reclutamiento de un sector dentro de la oposición que aceptara los planes del régimen para la transición democrática. Somoza no cortejaba a los liberales independientes a quiénes despreciaba por traidores a la causa liberal (durante su gobierno prohibió hasta la mención del PLI en los periódicos). El caudillo conservador Emiliano Chamorro tampoco estaba disponible. Después del golpe (el cual había apoyado creyendo que los conservadores se beneficiarían) se embarcó en una estrategia dirigida al derrocamiento militar de Somoza. Solo los derechistas conservadores bajo el liderazgo de Carlos Cuadra Pasos estaban potencialmente disponibles para tales negociaciones (47).
La muerte de Leonardo Argüello, en diciembre de 1947, quitó el mayor obstáculo para que el gobierno norteamericano reconociera el régimen y también sentó las bases para las negociaciones con Cuadra Pasos y la fracción civilista de los Conservadores. Cuadra Pasos, vio las negociaciones como el único camino para terminar con la política del garrote de Somoza, ya que temía que provocaría una guerra civil. No obstante, sí aprobó el decisivo compromiso de Somoza para la represión anti izquierdista. Después de seis semanas de negociaciones, Somoza aceptó la mayoría de las demandas de los líderes conservadores. El pacto, firmado en febrero de 1948, incluyó la amnistía para los prisioneros políticos (aunque los izquierdistas permanecieron en la cárcel hasta agosto), aumento inmediato a la representación conservadora en las ramas judiciales y legislativas del gobierno (además de poder gobernar en algunos departamentos) y la despolitización de la Guardia Nacional como precondición para elecciones presidenciales libres a llevarse a cabo en 1951 (48).
Chamorro y el PLI denunciaron el pacto Cuadra Pasos-Somoza. Pero los derechistas conservadores, tentados por la carnada de mayor representación, una nueva constitución, la seguridad en su tenencia de tierra y mayores derechos clericales, si aceptaron el acuerdo. El Departamento de Estado vio con buenos ojos el acercamiento de los acuerdos Cuadra Pasos-Somoza (y sobre el anticomunismo). A finales de febrero el Departamento de Estado ofreció una invitación a la Conferencia Panamericana en Bogotá, que si no fue equivalente al reconocimiento, ciertamente indicó un cambio fundamental en la política norteamericana desde la Conferencia de Río de Setiembre de 1947. Antes de que la conferencia empezara, por lo menos otros tres países —Costa Rica, Colombia y la República Dominicana — habían roto el boicot hemisférico al reconocer al gobierno de Román y Reyes (tío de Somoza). Inmediatamente después de la conferencia en mayo, el gobierno norteamericano siguió su ejemplo, en parte por necesidad de unidad hemisférica en la Guerra Fría y en parte porque el pacto Cuadra Pasos-Somoza -- con su ampliación limitada de las bases del régimen — permitía que Nicaragua reclamara un lugar dentro de la esfera de las naciones democráticas.
El reconocimiento de los Estados Unidos coronó el éxito de la estrategia somocista después del derrocamiento de Argüello. Con su disminuida base popular y su legitimidad internacional no existente, Somoza podía sobrevivir solamente dando un vuelco duro hacia la derecha. Las necesidades internas del régimen — reprimir toda clase de subversión que empalmaba bien con el imperativo internacional de combatir el comunismo. A la vez, el compromiso visible de Somoza con el anticomunismo y con la estabilidad política también atraía a la derecha conservadora, quienes a la vez permitían que el régimen pudiera obtener el semblante de legitimidad.
De 1948-1950 el PLI y los conservadores chamorristas, aunque nominalmente unidos todavía, se tropezaban en un mundo geopolítico nuevo en el cual el anticomunismo contaba más que la democracia. Los distintos intentos tanto de la izquierda democrática como de Chamorro por organizar una lucha armada en contra del régimen se habían derrumbado ya para 1949. Más aún, las relaciones de la oposición con la Embajada se habían enfriado algo desde el pacto Cuadra Pasos, a pesar de los intentos antisomocistas por expresar sus metas en un lenguaje aceptable. Por ejemplo, los conservadores chamorristas y el PLI, incluyendo a sus dirigentes más progresistas, hicieron una declaración en noviembre de 1949:
“Hacemos un llamamiento al político, a los trabajadores del campo y de la ciudad, a los profesionales y a todas las organizaciones... con la exclusión de aquellas de factura totalitaria o comunizante para que medite sobre la permanencia de la patria y lo transitorio del poder” (49).
El manifiesto prosiguió argumentando que el gobierno dictatorial de Somoza afectaba negativamente la economía, en particular, porque el capital extranjero temía invertir por las prácticas del régimen de intervención en los negocios y "estímulo al Comunismo" provocado por la represión somocista.
El anticomunismo, sin embargo, no preveía una base duradera para la unidad de la Oposición (aunque si atrajo la atención del Departamento de Estado). En enero de 1950
el Departamento de Estado ingenió el comienzo de las negociaciones entre Somoza y un representante de Emiliano Chamorro. El 1 de abril las negociaciones dieron fruto -el Pacto de los Generales. La declaración de Somoza-Chamorro comenzó por justificarse como una defensa patriótica de la amenaza comunista. Los otros artículos del pacto siguieron la pauta del pacto Somoza-Cuadra Pasos: una garantía minoritaria del partido Conservador con una tercera parte de los asientos en la Asamblea Constituyente, y una representación igual en la rama judicial y en las instituciones autónomas del estado. Significativamente, el PLI se quedó sin participación en tal trato. El Pacto impidió la participación del partido tanto en las elecciones constituyentes como en las presidenciales.
Mientras que el régimen alardeaba su legitimidad local e internacional, el Pacto de los Generales dividió a la ya débil y fragmentada oposición. La victoria sobreco gedora de Somoza sobre el candidato conservador en las elecciones se dio en gran parte por la apatía de un movimiento de oposición el cual tres años antes había estado a punto de derrocar al régimen. Finalmente, los anémicos movimientos estudiantiles y sindicales eran incapaces de ofrecer alternativas. Más aún, la izquierda estaba demasiado débil como para retar a la nueva versión de obrerismo anticomunista de Somoza, la cual muy hábilmente manejaba en contra de los Conservadores "reaccionarios".
Irónicamente, después de haber fallado en unificarse en sus momentos de auge en la hora más oscura de la Guerra Fría, la exizquierda estudiantil y los remanentes del PSN se juntaron en la Unión Nacional de Acción Popular (UNAP). Fundado en 1948, durante los próximos dos años la UNAP no tuvo mucho progreso bajo el régimen semi- policiaco de Somoza, aunque algunos izquierdistas lograron penetrar dentro de los sindicatos somocistas. Cuando las campañas electorales le dieron un poco de espacio a la izquierda para poder actuar, ellos veían un paisaje político, el cual parecía un desierto en el que sus prósperos oasis de esperanza de años anteriores habían sido enterrados por una tormenta de arena. Después del Pacto de los Generales un activista de la UNAP escribió:
“A nadie se le escapa que vivimos una etapa en que el indiferentismo sigue socavando la estructura sicológica de nuestra ciudadanía. Todos sabemos qué significa el indiferentismo en los estadios de la lucha por las grandes reivindicaciones. Atravesamos pues un período de crisis en el orden moral. La UNAP en verdad está brotando en un terreno en el que más fácilmente puede florecer la planta indeseable del servilismo que la de los ideales... Pisamos el terreno que han abonado y cultivado nuestros políticos cavernícolas” (50).
Notas de Conclusión
La evolución política de Nicaragua desde 1944 hasta 1950 se asemeja a la de otras repúblicas Latinoamericanas. El modelo cronológico desarrollado por Bethell y Roxborough es aplicable Nicaragua. El país atravesó una apertura democrática, aunque desnivelada y limitada desde 1944 hasta 1946, acompañada por grandes avances sindicales y de la izquierda, seguidos por un período de represión en contra de la izquierda obrera y de la oposición democrática desde junio de 1947 hasta agosto de 1948. Entre 1948 y 1950 el régimen somocista consolidaba una alianza con la derecha que le permitía un grado importante de legitimidad doméstica y internacional.
La interacción de fuerzas locales e internacionales que produjeron la victoria derechista se parece a las del resto del continente. El principio de la Guerra Fría ladeaba el balance precario de las relaciones de clase decisivamente a favor de los empresarios y los terratenientes. Desde hace mucho tiempo, el anticomunismo había formado parte del equipaje ideológico de la élite (51). Pero en 1946, bajo el estímulo de la creciente rivalidad Estados Unidos/Unión Soviética, grupos de la élite transformaron al anticomunismo de un artefacto polémico en un principio clave de su propia movilización política en contra tanto del movimiento laboral como en contra del régimen somocista.
La conservación de Somoza en un anticomunista ardiente, a finales de 1946, aunque en respuesta a los ataques de la oposición, fue bien congruente con su creencia de que el destino de su régimen dependía de la buena voluntad del Departamento de Estado. La debilidad relativa y el aislamiento del movimiento obrero a finales de 1946 (consecuencia en parte de la ola ideológica anticomunista) facilitaron la decisión de Somoza de suspender su proyecto populista y golpear a la izquierda.
Los factores económicos, por ejemplo, la necesidad de crear un clima más seguro para las inversiones extranjeras, probablemente jugaban un papel menor en la derrota de la izquierda en Nicaragua que en cualquier otra parte del continente. Esto refleja en parte la base industrial comparativamente minúscula del país. Los factores económicos, sin embargo, sí jugaron un papel en el cambio en contra del movimiento obrero. Los intereses económicos del propio Somoza, no solo distinguían su gobierno de la mayoría de los otros sino también colocaba barreras bien limitadas alrededor de su proyecto populista. Más aún, no fue pura coincidencia que el régimen golpeó primero y con más fuerza al sindicalismo en los sectores más dinámicos de la economía en Chinandega en las vísperas del auge agroexportador y en las minas de oro extranjeras. No obstante, la congruencia de la ideología anticomunista y los intereses económicos llegaron a su punto más alto después de la derrota del movimiento obrero, cuando los conservadores derechistas decidieron colaborar con el régimen.
Aunque el esbozo de la victoria derechista en Nicaragua se asemeja al resto del continente, el resultado parece ser menos inevitable que en cualquier otra parte. La complejidad y la fluidez de las relaciones de los movimientos sindicales y de oposición crearon una situación política única en Nicaragua en 1946 y principios de 1947. Los intentos de Somoza de alianza con el sindicalismo en 1944-1945, se parecen a aquellos de otros líderes autoritarios de países latinoamericanos como Vargas y Perón. Pero su rompimiento anterior (1945) con el movimiento obrero, durante un período de relativa libertad civil y política, creó las condiciones para el avance de una coalición de la centro-izquierda. Esas condiciones maduraron en mayo de 1947, cuando el nuevo presidente Leonardo Arguello, con el apoyo de un sector de la Guardia Nacional (y el apoyo tácito del Departamento de Estado), decidió aliarse con la oposición anti- somocista y el movimiento sindical para eliminar la dictadura somocista (52).
La incapacidad de la oposición democrática y la izquierda de aprovechar ese momento tan oportuno en Mayo de 1947 se derivaba de su ruptura en noviembre. El impacto local de la Guerra Fría y quizás la intervención de la Embajada de los Estados Unidos jugaron un papel en tal ruptura en la alianza democrática-popular. Sin embargo, el rompimiento en la alianza no tenía que ser permanente ya que la izquierda y los demócratas de clase media no compitieron por las mismas bases de apoyo obreras (como por ejemplo en Venezuela). Por el contrario, los competidores de los socialistas para las bases obreras eran los somocistas y en menor grado la Iglesia Católica; y la izquierda no le atraía a las clases medias. Quizás la falta de competencia por la base política de la izquierda, influía en que el PLI en 1946-1947 no manifestaba posiciones marcadamente anticomunistas. El PLI rompió con la izquierda, porque sus líderes creían que el Departamento de Estado apoyaría tal división y porque ellos imaginaban que los Estados Unidos era el arbitro directo y final de las políticas de Nicaragua (una creencia que compartían con Somoza). Aunque el gobierno norteamericano por décadas había jugado un papel político decisivo en Nicaragua, durante el periodo de 1944 y hasta mediados de 1947, el Departamento de Estado probablemente hubiera preferido ver una solución democrática, aun a costa de una apertura para un movimiento sindical izquierdista relativamente pequeño.
La creencia del liderazgo del PLI en la necesidad (y la posibilidad) de que el gobierno norteamericano ayudaría en el derrocamiento del Somocismo, era síntoma de una brecha política-cultural entre los militantes trabajadores y los disidentes de la clase media. Los sindicalistas izquierdistas
surgieron del obrerismo, una tradición política radical dentro del partido Liberal y con un lenguaje de ciudadanía obrera. La fluidez de Somoza en lenguaje obrerista complicaba las comunicaciones entre las clases sociales. Para la oposición, la aceptación de Somoza por el obrerismo lanzaba dudas sobre la autenticidad del movimiento sindical. Así mismo, la izquierda no podía comprender la centralidad del anti- somocismo en la ideología y práctica democrática a expensas del apoyo concreto por los obreros.
Una brecha más estrictamente cultural profundizaba estas disonancias ideológicas. La brecha entre la creciente clase media y la élite se hizo más angosta durante los años 40. A la vez, trabajadores excluidos de los estudios secundarios sabían que su lugar en la sociedad estaba a un corto paso de la hacienda señorial. La presencia minoritaria de los trabajadores en el PLI y la presencia insignificante de los intelectuales en el PSN reflejaba y agudizaba las divisiones culturales entre los grupos intelectuales y los de los trabajadores. Sin duda el orgullo de clase influenciaba la decisión del PSN de no apoyar a Aguado después de su rechazo por el PLI. Y ese rechazo reflejaba algo de la arrogancia de la clase media.
Estas divisiones políticas-culturales no ocurrían solamente en Nicaragua y a lo mejor eran más amplias en otros países. Brevemente quisiera concluir este capítulo refiriéndome a casos que seguramente podrían ser objetos de trabajos comparativos interesantes. Por ejemplo, el sentido de repudio de los trabajadores hacia ciertos estilos de corte de cabello de los intelectuales demócratas, los "jóvenes engominados" de Argentina o los "glosteros" de Costa Rica, eran síntomas de tales antagonismos culturales. Como en Nicaragua, en estos países pareciera que las clases urbanas populares construyeron un discurso de "obrerismo" que combinaba elementos de orgullo de clase y de protesta en contra de su exclusión de la sociedad. En Costa Rica, el Marxismo, en su forma adaptada durante la guerra, podría servir como tal ideología, o como lo hizo, el Peronismo en Argentina. En
ambos casos, la separación política entre los movimientos democráticos y obreros, agudizado por las divisiones culturales, resulto ser un factor decisivo en los desenlaces de las luchas políticas y sociales después de la guerra.
A Anales de la década, la única alianza democrática trabajadora que sobrevivía en América Latina era la guatemalteca. No obstante, a mediados de los años 40 las fuerzas políticas de los trabajadores y de los demócratas no eran mucho más fuerte en Guatemala que en Costa Rica o aun en Nicaragua. Sin embargo, los movimientos guatemaltecos experimentaron su más grande crecimiento a través de su alianza y solidaridad. Podría haber muchas explicaciones al porqué los guatemaltecos podían alcanzar lo que sus vecinos centroamericanos no podían (incluyendo quizás “la ausencia de un partido comunista organizado durante la década). Sin embargo, deberíamos tomar en cuenta el hecho de que la principal división cultural en la sociedad guatemalteca era entre los indígenas y los ladinos, una división que no hubiera afectado al movimiento sindical urbano y quizás si hubiera acortado la distancia entre los militantes sindicales y los demócratas de clase media”.(53)
La variabilidad de las divisiones culturales de clase sugeridas por la experiencia guatemalteca se revela también en el caso de Nicaragua, ya que no existía una división política-cultural que dividía uniformemente a través de la sociedad nicaragüense. Pareciera que donde la élite terrateniente tenía más peso - en Chinandega, Masaya, León y Matagalpa - el PLI colaboraba más activamente con el movimiento sindical. Solo en Managua -el centro del poder- tendían los demócratas de la clase media a trabajar más cerca de la élite que con la izquierda.
En los centros departamentales no solo eran más unidos la clase trabajadora y la clase media, sino que hasta los sindicatos comenzaron a penetrar en las bases rurales del poder oligárquico (y somocista). La represión somocista en contra del sindicalismo rural en 1947 tendría consecuencias de larga duración, ya que cuando los
campesinos comenzaron a organizarse de nuevo, lo hicieron bajo circunstancias radicalmente diferentes: el golfo político- cultural que separaba el movimiento campesino de los antisomocistas sería aún mucho más amplio que en 1946, cuando los trabajadores y la oposición democrática estuvieron tan cerca de cruzar esa misma línea divisoria y tumbar la dictadura somocista.
Notas
1. Jeffrey Gould, 7b Lead as Eguals: Rural Protest and Political Consciousness in Chinandega, Nicaragua 1912-1979. (Chapel HUI, N.C. 1990) pp. 188-189.
2. A través de 1946, el PSN criticaba la Embajada de a callado y elogiaba claramente sus políticas de no-intervención, aunque si criticaba duramente "sus círculos reaccionarios de imperialismo nortea¬mericano.* Sin embargo, constantemente criticaban la estrategia de la oposición, por su dependencia de los Estados Unidos. Por ejemplo, el periódico del PSN, Ahora, el 24 de Agosto de 1946 escribió: *Los líderes de la oposición tienen la debilidad de buscar protección de los Estados Unidos*. Después durante ese mismo año, la reacción nacionalista del PSN a los viajes de la oposición a la Embajada se mezclaba con el crecimiento del *anti-yanquismo,* producto directo de la Guerra Fría. Sin embargo, es importante subrayar que el ala estudiantil de la oposición se oponía a la estrategia pro-U.S. de sus mayores.
3. La Nueva Prensa, 3,12 Feb. 1946; U.S. State Department, 817.00, Oct. 31 1946. Aproximadamente el 50% de los miembros sindicales pertenecían a la Federación de Trabajadores de Managua (FTM).
4. A pesar de la pérdida de influencia en el movimiento laboral Roberto González, organizó un partido político pro-Somocista, el Partido Obrero Democrático el cual apoyaba el candidato Liberal, mientras agitaban por 1) seguridad social; 2) control de precios; 3) el apoyo del estado a la sindicalización; 4) la reforma agraria (La Flecha, 23 de Sept. 1946). Aunque es imposible estimar todavía la intensidad del POD (posiblemente minúscula), es significante reconocer que militantes claves del partido rompieran con Somoza sobre su golpe de estado a Argüello en Mayo 1947, U.S. Sute, 817.00, 18 Junio 1947.
5. El comandante de Defensa Nacional de Somoza dio un estimado de 1,200 miembros, U.S .State, 817 00, Oct. 31, 1946; el PSN, en 1946, atraía a más de 5,000 personas a sus manifestaciones. El periódico semanal Ahora circulaba 3.000 copias, antes de una campaña lo que probablemente lo elevaba a más de 4,000. (U.S.State, 817.00B/12- 446; sobre la campaña de circulación y sus resultados semanales véase Ahora 12-46 a 2-47). En comparación, Guatemala, en el avance pico de la izquierda en 1952, el periódico semanal Octubre, tenía una circulación de 3,000 ejemplares. Véase Víctor Bulmer-Thomas, The Political Economy of Central America Since 1920 (Cambridge 1987) p. 140.
6. U.S. State 817.00/10-3-46 hace referencia a las negociaciones entre Somoza y el PSN a principios de ese año. Asumiendo que el reporte era correcto, las negociaciones se dieron entre las demostraciones de oposición apoyadas por la izquierda a finales de Enero de 1946 y el Día de Mayo, cuando las relaciones entre los líderes trabajadores y Somoza eran bastante tranquilas.
7. El Universitario Marzo, 1946, segunda semana.
8. Ahora. Agosto 4, 1946.
9. Ahora, Noviembre, 1946, declaración del líder del PSN Juan Lorio.
10. Ahora Julio 28, 1946.
11. Ahora Diciembre 15, 1946.
12. Un tema económico similar empujaba al PSN a apoyar al régimen en contra de la oposición: un préstamo de los E.E.U.U. para Somoza de $4.5 millones. En un curioso revés de alianzas extranjeras el liderazgo del PSN apoyaba el préstamo del Banco de América, mientras que la oposición denunciaba su significado, por el cual, Somoza se perpetuaría, en el poder. Como con los decretos de emergencia, la oposición veía este préstamo exclusivamente desde la óptica de la lucha antisomocista. Este préstamo no solo enriquecería a los Somocistas sino que legitimaría al régimen aún más, a los ojos del gobierno de los Estados Unidos, de quién la oposición, hasta cierto punto, dependía para que les ayudara a deshacerse de Somoza. El PSN, por el contrario, argumentaba que la oposición debería luchar por establecer el control sobre el desembolso del préstamo en particular, y así proveer la ayuda necesaria a los hacendados que sufrían de la sequía e invertir en el desarrollo industrial para balancear el creciente desempleo.
13. Ahora. Junio 23, 1946.
14. La Flecha. Julio 6, 1946.
15. El Liberal Independiente Julio 41 1946.
16. La organización estudiantil no ratificó el pacto en una reunión, según reportaje en La Prensa el 5 de Julio, Ahora, el 14 de julio se refirió al fracaso de los estudiantes al ratificar tal pacto.
17. La Flecha, Julio 4 y 5, 1946.
18. En una entrevista con Mario Flores Ortíz (Managua 1990) sugirió que el PSN estuvo siempre dividido durante los años de 1944-1948, llegando a varios extremos en cuanto al grado de oposición hacia el régimen. De acuerdo con Flores, líder del partido desde 1945 a 1948, esta división rompió las líneas de herencia partidarias.
Aquellos con antecedentes conservadores siempre tendían hacia una línea mas fuerte contra el régimen, mientras que los Liberales (como los Lorios), "preferían a Somoza en vez de a Emiliano Chamorro o cualquier conservador." La mayoría de la fracción emergente de la tradición obrerista liberal estaba, claramente, siempre lista por una alianza con los liberales del PLI y después con Argüello, pero tenían gran dificultad en aceptar la participación de los conservadores en cualquier coalición.
19. Quizás el apoyo del PSN por el paro hubiera debilitado la influencia conservardora dentro de la oposición, que en ese momento estaba dominada por corrientes progresivas dentro del PLI. Mas aun, dado que el PLI estaba todavía envuelto en charlas por la unidad con los Liberales Somocistas el apoyo para un movimiento de insurrección era muy improbable.
20. Ahora 24 de Agosto, 1946.
21. Ahora 15 de Septiembre, 1946.
22. La Nueva Prensa Noviembre 2, 1946.
23. Voz Popular 9 de Noviembre 1946. Un mes antes Pasos había desafiado al sindicato a una huelga por el pago de días feriados, diciéndoles: "Hagan una huelga, vayan, pero no regresen porque no les voy a dar pero ni un céntimo." Ahora 6 de Octubre de 1946.
24. Diario Nicaragüense Nov. 22, 1946.
25. La Flecha Nov. 27, 1946.
26. La Nueva Prensa Nov. 23, 1946.
27. Los argumentos de Somoza eran bastante matizados. Buscaba demostrar no solo la hipocresía y el elitismo de la oposición, más aun, lo absurdo de su versión del anticomunismo. Así, argumentaba que los huelguistas no eran comunistas y que el comunismo no podía crecer en Nicaragua porque "yo no lo voy a tolerar". En sus esfuerzos por desactivar el tema del comunismo, estuvo a punto de afirmar que los trabajadores envueltos en el PSN no eran realmente comunistas o por lo menos no eran parte de una conspiración internacional roja (contra la cual, por supuesto, Somoza lucharía hasta el final).
28. La Prensa Nov. 23, 1946; Nueva Prensa Nov. 23, 1946.
29. Voz Popular Nov. 9, 1946.
30. Ahora Nov. 24, 1946. El comunicado distingue la actitud de los líderes nacionales de aquellos militantes del PLI en Chinandega, Masaya, León y Matagalpa quienes contribuyeron con el movimiento laboral. Un oficial de la embajada atribuyó la poca participación en la manifestación pro-Aguado después del boicot, al temor a la Guardia Nacional y a la "polarización anti-laboral" de la oposición durante la huelga. Departamento de Esudo U.S. 817.00/12-146.
31. Voz Popular, Noviembre 21, 1946. Por supuesto que es posible que Somoza lea este artículo y decida que él tuvo que actuar para poder prevenir esta eventualidad.
32. Entrevista con el Dr. Mario Flores Ortíz, (Managua 1990). El afirma que cuando se acercó al Dr. Espinoza sobre tales charlas para la alianza “Espinoza me dijo... deja de pensar en eso. Nosotros no vamos a aliamos con ustedes porque la Embajada Americana no ve con buenos ojos eso de alianza. Si ustedes quieren votan por nosotros pero nosotros no vamos a aliamos con ustedes.” Aunque Flores no puede estar bien seguro de la fecha, piensa que tal conversación tuvo lugar en el mismo tiempo que lo de PAYCO (en lo cual el no estaba envuelto directamente). Pudo haber tomado lugar en Diciembre o principios de Enero, pero es muy posible que los comentarios de Espinoza apresuraran la decisión de abstención a la demostración. En una entrevista (Managua 1990) Octavio Caldera, líder estudiantil, trabajaba directamente con Espinoza durante la campaña electoral corroboro lo dicho por Flores Ortíz Caldera agrega que Espinoza y otros dos líderes del PLI querían continuar con las charlas de alianza con el PSN, aun después del mensaje de la Embajada, pero perdieron en una votación con el resto de la directiva de la oposición.
33. Ahora, Enero 17, 1947.
34. Véase Unidad, abril 13 1947 y La Voz Popular Mayo 4, 1947.
35. U.S. State Department, National Archives, 817.00/12-146.
36. Véase Thomas, Leonard, The United States and Central América: Exceptions of Political Dynamics, (Montgomery, Alabama: 1984) p. 147. Leonard señala: “los representantes de la Embajada estaban convencidos de que el PSN era una organización comunista o casi comunista de carácter local solamente”.
37. Ahora, Febrero 1, 1947. Debemos reseñar, sin embargo, que los líderes radicales estudiantiles hicieron mucho para sobrepasar sus distancias culturales de trabajadores urbanos en Managua. Aunque para 1947, ya tenían un grupo informa l significante de SUPPORTERES en los barrios de clase trabajadora. Octavio Caldera recuerda que por sus números arrestos públicos y exilios, los líderes estudiantiles se habían vuelto "héroes populares" en los mercados y los barrios populares.
38. Aunque Somoza realmente le robó las elecciones a Argüello, creo que Knut Walter tiene razón cuando sugiere en "The Somoza Regime," que el estimado de la oposición (100-591 - 37,532 en favor de Aguado) — cifra repetida por los observadores de la Embajada, y aceptada previamente por este autor -eran "tan diferentes a aquellas del régimen". Aunque Walter argumenta que el resultado oficial de 104, 958 no era una exageración sino más bien fue que "la oposición got short changed." p. 225 Más aun, una victoria de 3:1 para Aguado no podía explicar el fuerte apoyo para con Somoza en el campo (yo descubrí evidencia de tal apoyo mientras investigaba este articulo).
39. Véase Leonard, The United States and Central América, p. 143.
40. Jesús Blandón, ENTRE SANDINO Y FONSECA (Managua 1982) p. 31 cita un acuerdo entre Argüello y el PSN publicado el 6 de Marzo de 1947 en LA ESTRELLA de Panamá.
41. La Flecha, Mayo 21, 1947.
42. Entrevista con Octavio Caldera (Managua 1990)
43. Entrevista con Octavio Caldera (Managua 1990).
44. La Noticia. Julio 8, 1947.
45. La Noticia, Julio 31 1947.
46. Archivos del Departamento de Estado, RG 59, 817.00/B 1-1048. •
47. Emiliano Chamorro había pertenecido al ala derecha del Partido Conservador desde 1890. Sin embargo, desde 1946-1950, su ideología había virado hacia el centro democrático. Sus largos periodos de exilio en México y especialmente en Guatemala (1947-1949) tenían mucho que ver con su cambio. Véase su autobiografía, El Ultimo Caudillo (Managua 1983), pp. 369-374.
48. Para un buen recuento del pacto Cuadra Pasos véase, Knut Walter, The Regime of Anastasio Somoza García, pp. 278-282.
49. Manifiesto de la Oposición, Noviembre 1949, firmado por Emiliano Chamorro, Horacio Argüello, Carlos Solórzano, Ramiro Guardián por el Partido Conservador. Firmado de parte del PLI por Enoc Aguado Flores Vega, Salvador Buitrago Aja, Enrique Espinoza, Dora Real, Alejo Icaza, Gerónimo Ramírez Brown. Documento localizado en el Instituto Histórico Centroamericano, UCA- Managua entre los periódicos incluyendo Adentro.
50. Adentro Abril 22, 1950.
51. Esta especulación se refiere específicamente a los años 40s. Bajo la reforma agraria de Árbenz, por supuesto, sindicalistas urbanos trabajaban arduamente por el cambio social, e indudablemente disminuía su aislamiento de la Guatemala indígena.
52. El destacado dirigente sindical de esa época. Armando Amador, en Un siglo de lucha de los trabajadores de Nicaragua, 1880-1979 (Managua 1992), sostiene que el embajador Fletcher Warren se oponía a Argüello por su actitud nacionalista frente a los intereses mineros norteamericanos. No obstante, no se encontró ninguna evidencia para apoyar tal tesis en el archivo del Departamento de Estado, y por otra parte está muy claro que después del golpe, el gobierno norteamericano seguía apoyando a Argüello.
53. Esta especulación se refiere específicamente a los años de 1940. Bajo la reforma agraria de Árbenz, por supuesto, los militantes laborales rurales trabajaban arduamente por el cambio social, e indudablemente disminuían su aislamiento de la indígena Guatemala.